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Se incluyen artículos que yo he escrito y que han sido publicados, bien en prensa general, en prensa profesional o en capítulos de libros

Obituario: En el fallecimiento de Julián García Vargas

29/09/2026/en Mis artículos /por ignacioriesgo

 

Julián García Vargas fue inspector de Hacienda, presidente del ICO, ministro de Sanidad y Consumo y de Defensa y ostentó otros muchos cargos. Merece una biografía oficial, lo que no pretende ser esta nota personal

Ignacio Riesgo
Publicada29 septiembre 202612:25h, Redacción Médica

Durante muchos años tanto Julián como su mujer Araceli nos honraron -a mí y a mi mujer, María José– con su amistad. Ambos admirábamos la visión, la cultura y la bonhomía de Julián. Un inigualable conversador sobre cualquier tema. Gran admirador de Francia –“me hubiera gustado ser francés”, me confesó en una ocasión– y de Italia, siendo visitante anual de Venecia, donde poseía un apartamento compartido.

Julián García Vargas llegó al Ministerio de Sanidad inmediatamente después de haber sido aprobada la ley General de Sanidad en 1986. A él le tocó implantarla y, gracias a su enfoque equilibrado y siempre ponderado, así como a sus cualidades de proximidad personal y larga permanencia en el Ministerio (1986-1991), fue posible su puesta en marcha y que recientemente se conmemorara el 40 aniversario de la Ley, lo que la configura como un ejemplo de estabilidad, y que contrasta con las 8 leyes de Educación en el mismo período. Esta aplicación moderada hizo que el centro-derecha- que había votado en contra de la Ley en 1986- se sumara al consenso del Sistema Nacional de Salud en 1998, a través de una declaración parlamentaria durante el ministerio de Romay Beccaría.

Como demostración de su visión, Julián García Vargas, como ministro de Sanidad, se implicó en asegurar la supervivencia del sistema MUFACE, subiendo las primas, a pesar de que en sentido estricto este tema no formaba parte de las competencias de su Ministerio, pero se dio cuenta de la repercusión negativa sobre el conjunto del sistema de su posible desaparición.

Fue un activo participante, como extraordinario moderador, en todas las ediciones de los “Temas candentes de la Sanidad española”, de los que se hicieron ediciones en los años 2010, 2011, 2012, 2013, 2017 y 2019.

A pesar de haber sido posteriormente ministro de Defensa -se dice que fue el mejor ministro de Defensa de la democracia– lo cierto es que nunca dejó la sanidad y siempre defendió sus opiniones reformistas hasta el final -en la línea del Informe Abril de 1991, que él patrocinó e impulsó-. Creo que su última intervención pública fue a finales de agosto de este año en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, en el encuentro organizado por César Pascual y en el que tuvo una gran intervención -siempre mantuvo la lucidez hasta el final- junto con Ana Pastor.

Después de muchos años en Sanidad y de conocer y tratar a muchas personas, nunca he conocido a nadie que no admirara y se sintiera próximo a Julián García Vargas.

Reciban Araceli, sus hijos y nietos el más sentido pésame, así como su gran y extensa familia de Sanidad.

 

 

https://ignacioriesgo.es/wp-content/uploads/2026/09/Foto-JGV-IMG_0572.jpeg 614 1100 ignacioriesgo ignacioriesgo2026-09-29 13:38:322026-09-29 13:38:32Obituario: En el fallecimiento de Julián García Vargas

El derecho de opción del paciente: en el centro de cualquier reforma sanitaria

01/09/2026/en Mis artículos /por ignacioriesgo

 

 

 

El derecho de opción del paciente: en el centro de cualquier reforma sanitaria

Ignacio Riesgo, médico y consultor sanitario

 

6:00 – 1/09/2026

Con frecuencia se habla de la necesidad de un Pacto de Estado por la Sanidad. Sin embargo, ese pacto existe de facto desde hace años: el acuerdo implícito entre PSOE y PP, los dos partidos que han gobernado España durante las últimas décadas, para mantener el sistema prácticamente sin reformas. Basta revisar sus programas sanitarios.

Las razones son diversas. El PSOE, creador del Sistema Nacional de Salud, probablemente teme que cualquier cambio pueda desvirtuarlo. El PP, incorporado al consenso sanitario en 1998, parece evitar plantear reformas por el riesgo de ser acusado de querer desmantelar el sistema. A ello se añadió la extendida convicción de que España disponía del mejor sistema sanitario del mundo, así como la pérdida progresiva de liderazgo del Ministerio de Sanidad tras las transferencias autonómicas.

Acabo de publicar La sanidad al desnudo (Por una reforma integral del sistema sanitario) (Real del Catorce Editores, 2026). El propósito del libro no es presentar un programa cerrado de reformas, sino incorporar al debate público cuestiones habitualmente ausentes que puedan contribuir a construir una visión de futuro y, a partir de ella, un verdadero plan de transformación.

Con frecuencia se afirma irónicamente que los documentos sobre la reforma sanitaria son tantos que constituyen ya un género literario, dando por supuesto que el diagnóstico está hecho y que solo falta actuar. Sin embargo, varios de los asuntos abordados en el libro apenas forman parte del debate sanitario habitual, por lo que quizá el diagnóstico todavía no esté completo. El libro plantea ocho cuestiones fundamentales.

La primera es el secuestro de la sanidad pública por la Administración. La mayoría de las instituciones sanitarias públicas no funcionan como organizaciones con capacidad de gestión, sino como una prolongación de la Administración tradicional, diseñada para la estabilidad y no para organizaciones tan complejas y dinámicas como las sanitarias. Además, la gestión económica y de personal permanece en manos de las Consejerías de Hacienda y Función Pública, privando a los centros de instrumentos esenciales para gestionar eficazmente. A ello se suma que el personal sanitario público mantiene un régimen funcionarial prácticamente único en Europa.

La segunda es romper la lógica del monopolio público. Una mayor autonomía de los centros y la superación del régimen estatutario son condiciones necesarias, pero insuficientes si el ciudadano no puede elegir libremente el centro sanitario. La competencia introduce incentivos para mejorar la eficiencia, la calidad y la orientación al paciente.

La tercera consiste en construir un auténtico Sistema Nacional de Salud y no un conjunto de subsistemas autonómicos más o menos coordinados. Para ello se propone una arquitectura institucional distinta de los planteamientos confederales que pretenden convertir el Consejo Interterritorial en el órgano de gobierno del conjunto del sistema.

La cuarta aborda la necesaria participación del sector privado en la prestación de servicios públicos. Como recientemente defendía Tony Blair para el National Health Service británico, la reforma no debe ser solo de lo público, sino que debe combinar provisión pública y privada en una nueva articulación de ambas.

La quinta recupera el debate sobre el copago no farmacéutico. España, junto con el Reino Unido y Dinamarca, constituye una excepción en Europa. No parece una medida urgente, pero probablemente formará parte del debate futuro.

La sexta propone introducir incentivos reales: que los recursos sigan al paciente y abandonar la cultura de la uniformidad, favoreciendo el reconocimiento del desempeño individual y colectivo.

La séptima reclama reforzar el profesionalismo en la sanidad pública. No se trata de sustituir el papel de los sindicatos, sino de incorporar valores y mecanismos que estos, por su propia naturaleza, no pueden asumir.

La octava plantea considerar las mareas blancas como un obstáculo para determinadas reformas, ya que su defensa de una provisión exclusivamente pública carece de equivalentes en los sistemas sanitarios europeos.

Los problemas del sistema sanitario no admiten soluciones rápidas. Será necesario ganar tiempo político para acometer reformas profundas mediante un compromiso claro con su dirección y continuidad. Difícilmente bastarán las recetas habituales: el siempre anunciado refuerzo de la Atención Primaria, una pequeña subida salarial por el otro lado, algo de «más madera» (más recursos, más personal y más dinero, pero sin reformas), un poco de tecnologías e inteligencia artificial, y ya está hecho el cambio. Pero el sistema necesita cirugía mayor, no retoques.

 

 

Acceso del artículo en la web de El Economista:

 

https://www.eleconomista.es/opinion/noticias/14010806/08/26/el-derecho-de-opcion-del-paciente-en-el-centro-de-cualquier-reforma-sanitaria.html

 

 

https://ignacioriesgo.es/wp-content/uploads/2026/09/Imagen-1-9-26-a-las-12.55.png 1176 1242 ignacioriesgo ignacioriesgo2026-09-01 13:04:352026-09-01 13:04:35El derecho de opción del paciente: en el centro de cualquier reforma sanitaria

Por una reforma de la libertad de elección sanitaria en Madrid

23/07/2026/en Mis artículos /por ignacioriesgo

 

Dos sanitarias en la unidad de cuidados intensivos pediátricos (UCIP) del Hospital Ramón y Cajal, en Madrid.ALEJANDRO MARTÍNEZ VÉLEZ (EUROPA PRESS)

 

El día 23 de julio de 2026, el diario El Pais, me public el siguiente articulo:

 

IGNACIO RIESGO
23 JUL 2026 – 05:30 CEST
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Partamos de unas recientes declaraciones en Madrid de Alan Milburn, exministro de Sanidad del Reino Unido con Tony Blair: “Que el paciente pueda elegir su sanidad, no la que le diga el Estado o su médico”.

Si realmente queremos situar al paciente en el centro del sistema sanitario, el primer paso es reconocerle el derecho a elegir su centro de Atención Primaria y su hospital. Esta libertad no solo beneficia al paciente, sino que introduce un poderoso incentivo para mejorar la eficiencia, la calidad asistencial y la orientación al ciudadano.

Será imposible incorporar las continuas innovaciones diagnósticas y terapéuticas sin unas instituciones sanitarias eficientes, salvo que aceptemos un crecimiento descontrolado e insostenible del gasto sanitario.

En mi reciente libro La sanidad al desnudo (Por una reforma integral del sistema sanitario) (Real del Catorce, 2026) defiendo la incorporación al Sistema Nacional de Salud de elementos poco presentes en el debate público: superar el excesivo control administrativo de la sanidad, romper la lógica del monopolio público mediante una mayor libertad de elección del paciente, dotar al sistema de una verdadera gobernanza, regular la participación del sector privado en la provisión pública, introducir incentivos adecuados y reforzar el profesionalismo sanitario, complementando el necesario diálogo con los sindicatos.

La libertad de elección cuenta ya con una amplia experiencia internacional, especialmente en Suecia, Dinamarca, Reino Unido y Países Bajos. Estos casos muestran que la decisión de los pacientes depende menos de los indicadores técnicos de calidad clínica que de factores como los tiempos de espera, la facilidad para obtener cita, la accesibilidad, la comodidad y el trato recibido, todos ellos componentes esenciales de la calidad asistencial. Para que este modelo funcione, los hospitales deben competir bajo reglas de financiación equivalentes y con el principio de que el dinero siga al paciente.

La experiencia de la Comunidad de Madrid, donde la libertad de elección se implantó en 2010, resulta especialmente ilustrativa. Tras dieciséis años de funcionamiento, los datos muestran que los grandes hospitales tradicionales —La Paz, 12 de Octubre, Ramón y Cajal y Gregorio Marañón— han perdido una parte significativa de su actividad, mientras que los hospitales gestionados mediante concesión, especialmente los del grupo Quirón y el Hospital de Torrejón, la han incrementado.

Este resultado no es sorprendente. Se ha hecho competir a hospitales públicos sometidos a un modelo de gestión administrativa, con escasa autonomía, especialmente en materia económica y de recursos humanos —muy condicionados por las Consejerías de Hacienda y de Función Pública—, con hospitales concesionales que disponen de mayor capacidad de gestión y en los que la financiación sigue efectivamente al paciente.

La experiencia madrileña no demuestra que la libertad de elección sea un error. El problema de Madrid no ha sido introducir la competencia, sino hacerlo entre organizaciones que juegan con reglas distintas. Demuestra que la competencia sólo produce buenos resultados cuando todos los hospitales compiten con reglas semejantes. Mientras los hospitales públicos continúen sometidos a un modelo de gestión burocrático y los concesionales disfruten de una amplia autonomía, la competencia será necesariamente desigual. La verdadera reforma pendiente no consiste en limitar la libertad de elección, sino en dotar a los hospitales públicos de la capacidad de gestión necesaria para competir en igualdad de condiciones y ofrecer a los ciudadanos una sanidad pública más eficiente, más innovadora y más centrada en el paciente.

Ignacio Riesgo es médico, consultor sanitario y autor del libro La sanidad al desnudo

https://ignacioriesgo.es/wp-content/uploads/2026/07/RLBIIAW6RNGYPDY42HUHDTINMQ.jpg.avif 800 1200 ignacioriesgo ignacioriesgo2026-07-23 06:34:292026-07-23 06:34:29Por una reforma de la libertad de elección sanitaria en Madrid

«Superar el monopolio público significa ampliar la libertad de elección de los pacientes»

20/07/2026/en Mis artículos /por ignacioriesgo

 

 

El texto de las declaraciones es el siguiente:

  • EVA S. CORADA @evacorada
Creada: 21.07.2026 06:00
Última actualización: 21.07.2026 06:00

Es una de las personas que más sabe de gestión sanitaria de España. En su nuevo libro, «La sanidad al desnudo» (Ed. Real del Catorce) no esquiva ninguno de los grandes debates de la sanidad lejos de enfoques habituales y cuestionando alguna de las ideas más extendidas del debate sanitario.

¿Cuál es el problema nuclear de la sanidad española?

Cuando hablo de una reforma integral me refiero a todo el sistema sanitario, público y privado. Defiendo un sistema público eficiente, pero para lograrlo necesita el poderoso incentivo a la eficiencia y a la calidad que aporta la competencia con un sector privado comprometido con el servicio público. No considero la sanidad un simple bien de mercado, sino un servicio basado en la cobertura universal y la financiación pública. En cuanto a los problemas de fondo, España dispone de un buen sistema en términos de resultados en salud, pero apenas ha experimentado reformas de calado desde la Ley General de Sanidad, hace ya 40 años, mientras la sociedad ha cambiado profundamente.

Hace más de 20 años se advierte de que el sistema va a colapsar. ¿Estamos a tiempo de evitarlo?

El sistema sanitario es muy robusto y no va a colapsar de un día para otro. Lo importante es impulsar reformas sostenibles que garanticen su viabilidad y capacidad de adaptación.

¿Qué reforma considera más urgente?

Desde la perspectiva de los pacientes, reducir las listas de espera, reforzar la prevención y orientar el sistema hacia la atención de las enfermedades crónicas. Desde el punto de vista organizativo, es necesario aumentar la autonomía de las organizaciones sanitarias, especialmente en la gestión económica y de personal; avanzar hacia la superación del actual régimen funcionarial; establecer una auténtica gobernanza del SNS y afrontar el reto de las nuevas tecnologías, en especial de la IA, que transformará profundamente la sanidad.

Habla de superar el «monopolio público», pero las listas de espera también están aumentando en la sanidad privada…

Superar la lógica del monopolio público significa, fundamentalmente, ampliar la libertad de elección de los pacientes. Es cierto que empiezan a aparecer listas de espera en la sanidad privada, algo relativamente nuevo. Sin embargo, no es comparable esperar unas semanas con esperar meses o incluso años, como sucede con frecuencia en el sistema público.

«Cuando hablo de una reforma integral me refiero a todo el sistema sanitario, público y privado»

Sostiene que en España no faltan médicos. ¿Qué respondería a quienes afirman lo contrario?

Les invitaría a consultar el número de médicos por cada mil habitantes en los países de la Unión Europea. España se sitúa entre los países con mayor dotación, por lo que el problema no es la escasez global de profesionales. Eso no significa que no existan dificultades: faltan incentivos para trabajar en atención primaria, en la España despoblada y hay carencias en algunas especialidades por problemas de planificación. Además, hay que analizar la productividad, y conviene replantear las funciones de los médicos, transfiriendo determinadas tareas a otros profesionales, como enfermeros y asistentes clínicos.

En su libro desmonta algunos de los mitos más extendidos sobre la sanidad española. ¿Cuáles destacaría?

El camino de las reformas está minado por los «no problemas», que se presentan como problemas graves, y las «falsas soluciones». Entre los «no problemas», está la supuesta privatización creciente, lo que algunos llaman un gasto farmacéutico descontrolado o la idea de que faltan médicos. También abundan las falsas soluciones: el «radicalismo selectivo», que pretende abordar cuestiones aisladas sin una visión global, o la estrategia de «más madera», consistente en aumentar recursos, personal e instalaciones sin acometer las reformas estructurales necesarias, o los planteamientos de las «mareas blancas», que pretenden que todo el servicio sanitario público se dé desde instituciones públicas, lo que sería un caso único en Europa.

Durante años se dijo que teníamos el mejor sistema sanitario del mundo. ¿Qué queda hoy de aquel modelo?

No existe el mejor sistema sanitario del mundo; existen sistemas con buenas prácticas de las que aprender. La creencia de que España ya disponía del mejor sistema ha sido uno de los principales obstáculos para introducir reformas. Si se piensa que todo funciona bien, desaparecen los incentivos para mejorar. Conservamos principios muy valiosos, como la cobertura universal, la financiación pública mediante impuestos y la gestión descentralizada, pero necesita una profunda actualización.

¿Qué opina del nuevo Estatuto Marco?

Comparto plenamente la reivindicación de un Estatuto Médico. España constituye una excepción en Europa al carecer de un marco específico de negociación para este colectivo. También considero un error plantear la desaparición de las guardias de 24 horas sin analizar previamente sus consecuencias sobre las necesidades de personal, los costes, la organización asistencial, la jornada laboral y el sistema de incentivos. Afrontar esta cuestión sin ese análisis previo me parece una auténtica frivolidad por parte del Ministerio de Sanidad.

https://ignacioriesgo.es/wp-content/uploads/2026/07/Imagen-20-7-26-a-las-10.34.png 510 832 ignacioriesgo ignacioriesgo2026-07-20 10:54:362026-07-21 09:40:05«Superar el monopolio público significa ampliar la libertad de elección de los pacientes»

El sistema sanitario necesita una cirugía mayor, no retoques

20/07/2026/en Mis artículos /por ignacioriesgo

Ignacio Riesgo, consultor de sanidad: «El sistema sanitario necesita una cirugía mayor, no retoques»

En esta entrevista, desvela las principales ideas que recoge en su libro La Sanidad al desnudo. Por una reforma integral del sistema sanitario y analiza por qué el próximo Gobierno no podrá seguir aplazando las reformas estructurales que necesita la sanidad

 

 

 

POR MAR MUÑOZ20 JULIO 2026Tiempo de lectura 8 minutos

La sanidad española es uno de los grandes logros colectivos de la historia de nuestro país. Es uno de los pilares que sostienen el Estado del bienestar y protegen a las personas en algunos de los momentos más vulnerables de sus vidas. Sin embargo, funciona bajo un marco que dificulta atraer talento, incorporar grandes avances terapéuticos o responder al gran desafío que plantea la cronicidad. Esta situación, lleva años suscitando reivindicaciones, reproches y advertencias. Muchos debates se han centrado en cuánto hay que gastar y en qué papel debe jugar el sector privado.

En La sanidad al desnudo, Ignacio Riesgo propone ampliar la mirada de modo que dejemos que “administrar la decadencia y empezar a afrontar las reformas necesarias”. Con una visión rigurosa y provocadora, propone una agenda de reforma sostenible basada en la orientación hacia la salud, la libertad de elección, la autonomía de gestión, la renovación del sector público y la colaboración inteligente entre los sectores público y privado.

Su diagnóstico nace de una trayectoria que le ha permitido conocer la sanidad desde prácticamente todos sus ángulos. Primero, ejerció como médico hospitalario y, posteriormente, asumió responsabilidades de gestión en grandes organizaciones hospitalarias universitarias. Entre 1986 y 1993 fue vicepresidente y presidente de la European Hospital and Healthcare Federation (HOPE), una posición desde la que pudo analizar y comparar la evolución de distintos modelos sanitarios europeos. Desde 1995 desarrolla su actividad como consultor especializado en salud, creando y dirigiendo equipos en organizaciones internacionales y asesorando procesos de transformación sanitaria. De hecho, ha sido curator del Forbes Healthcare Summit 2025 y 2026. Esa combinación de experiencia clínica, gestión, visión internacional y análisis estratégico sustenta una reflexión rigurosa y autorizada.

¿Por qué tiene sentido publicar este libro ahora?

Este libro surge de la necesidad de incorporar al debate sanitario ciertos elementos que están ausentes del mismo. Es el caso del valor de la competencia, con su gran potencial de mejora de la eficiencia y la calidad; o el poner al paciente en el centro, dándole capacidad de elección; o la conveniencia de romper la lógica de monopolio público, que rige el funcionamiento del sector sanitario público; o acabar con el secuestro por la Administración Pública de la Sanidad a la que se hurtan nada menos que la gestión económica y de personal. También creo que surge la necesidad de introducir incentivos explícitos y bien diseñados. Necesitamos medir la productividad; contar con un modelo de gobernanza para el conjunto del Sistema Nacional de Salud, si queremos que siga siendo un sistema. Entre otros elementos.

¿Cuál debería ser la sanidad a la que deberíamos dirigirnos?

Debemos dirigirnos a un sistema orientado a la prevención, más que a las enfermedades; mucho más predictivo en cuanto a los riesgos que tienen las personas; con más implicación del paciente en su propio cuidado; con derecho del paciente a elegir centro sanitario; con mucha más inmediatez, utilizando, para ello, la tecnología; con acceso a información clínica, al equipo asistencial y a organizar citas desde el teléfono móvil; con posibilidad de ser atendido presencialmente o a distancia, en su propio domicilio o en cualquier entorno utilizando las tecnologías; con mucha mayor facilidad de movimientos para los pacientes entre los distintos componentes del sistema, Atención Primaria, Hospitales y servicios sociales; mucho más transparente… Donde las listas de espera sean cosa del pasado.

¿Qué inversión económica implican estas reformas? ¿Podemos sostenerlas? ¿Cómo podrían sostenerse?

La tendencia general del gasto sanitario es al alza, por encima del crecimiento del PIB. Esta es la tendencia en todos los países. Aunque, por supuesto, esta tendencia no puede ser indefinida, salvo que se pretenda gastar todo el dinero en sanidad, lo que es absurdo e iría en contra de la salud ya que hay muchas inversiones también relacionadas con la salud (educación, vivienda, seguridad vial, seguridad laboral, etc.).

Por otra parte, las circunstancias geopolíticas, con mucha más presencia del rearme, no favorecen un gran crecimiento del gasto sanitario. Dicho eso, de lo que hay que huir es de más inversión económica sin reformas, lo que podríamos llamar, “más madera” (más dinero, más profesionales, más instalaciones, etc.), promesa habitual de los políticos, que, en ausencia de reformas, no suele conducir a nada.

Una de las reivindicaciones más fuertes del libro es que los hospitales y centros sanitarios se gestionan como una pieza más del aparato administrativo. ¿Qué modelo de gestión pública sanitaria sería óptima?

Ahí no hay que inventar nada. El modelo existe en toda Europa. Necesitamos unas instituciones sanitarias que tengan una configuración empresarial, con autonomía de gestión y con una gobernanza, con separación gobierno/dirección. Esto de que los centros sanitarios sean una parte indiferenciada de la Administración y que, además, las Consejerías de Hacienda y de Función Pública les sustraigan tanto la gestión económica como la de recursos humanos, dejando limitada la gestión de estos centros a la gestión asistencial, como si se pudiera hacer gestión asistencial sin gestión económica y de personal, es pura y simplemente una aberración. Esta reforma conlleva más cambios en la organización de las Consejerías de Hacienda y de Función Pública, que en la de Sanidad.

¿Es necesaria una profesionalización de los gestores sanitarios? ¿Qué sería básico en el perfil de estos gestores?

Aquí no hay que idealizar nada. El perfil de los gestores sanitarios debe ser el de un gestor de cualquier empresa: conocimiento del sector, visión estratégica, habilidades generales de gestión, capacidad de coordinar equipos y de comunicación. Por supuesto, no hace falta ser médico, aunque en Estados Unidos la mayor parte de los gerentes hospitalarios son médicos. La ventaja de los médicos es que tienen un conocimiento profundo de la actividad core de los hospitales, lo que les facilita la interlocución con los profesionales. Hay excelentes gestores en sanidad con todas esas cualidades, el problema es crear el marco en el que puedan ejercerse, que tiene que ser fuera de la gestión directa administrativa. Estoy en contra de la creación de un cuerpo administrativo de gerentes hospitalarios.

Hablando de hospitales, quizá uno de los cambios, teniendo en cuenta la importancia de alinearse con el paciente, sería dejar de organizar los hospitales por especialidades. ¿Qué opina?

Las especialidades son necesarias como organizaciones de conocimiento, no como órganos de gestión. Los hospitales deben organizarse en base a los grandes procesos asistenciales, dónde se integrarían los distintos especialistas.

Escribe sobre la necesidad de entender el sector privado más allá de la clásica colaboración público-privada. ¿Cómo se explica esta idea sin que se interprete automáticamente como privatización?

Privatización, en sentido estricto -si entendemos por ella la exclusión de la cobertura pública a determinadas capas sociales o prestaciones-, no ha existido en nuestro país. Lo que se ha dado es un gran crecimiento del sector privado como consecuencia de problemas graves en la pública, sobre todo las listas de espera. Pero, el sector privado es un potencial aliado del sistema público. Se trataría de implicar al sector privado en el servicio público, ya que este no debe ser dado solamente por el sistema público. ¿Cómo es posible que ni el Estado ni ninguna comunidad autónoma haya impulsado una especie de Pacto pública/privada para acabar con las listas de espera?

No propone medidas que sean fácilmente aplicables o que sean “populares”, políticamente hablando.

No. Los problemas que arrastra el sistema sanitario son demasiado profundos como para resolverse con medidas sencillas o políticamente cómodas. Evidentemente, son cambios complejos y pueden generar resistencias, pero la función de la política no debería ser evitar las reformas difíciles, sino explicarlas, hacerlas comprensibles y demostrar que son necesarias para preservar un sistema público, universal y sostenible. Así, el objetivo sería plantear una “reforma sostenible” manteniendo las características del Sistema Nacional de Salud: financiación pública vía impuestos, cobertura universal y gestión descentralizada.

Comenta que las medidas pueden generar resistencias. ¿Cree que los ciudadanos están preparados para asumir que preservar un sistema público exige también aceptar cambios incómodos en la forma de usarlo, financiarlo y evaluarlo?

Los ciudadanos están preparados para casi todo siempre que se les sepa explicar. Esto es labor de los políticos, no tanto de los gestores. Por otra parte, creo, sinceramente, que pueden esperar más ventajas que inconvenientes de las reformas: lucha efectiva contra las listas de espera, mayor capacidad de elección de centro, la inmediatez que da el uso intensivo de las tecnologías en sanidad, un sistema más adaptado a crónicos y con más conexión con los servicios sociales, etc.

¿Cree que el próximo Gobierno debe contemplar la puesta en marcha de reformas estructurales serias?

Desde hace 40 años, los gobiernos de los distintos signos políticos no están dando pasos hacia reformas necesarias en el sistema pese a que estas, en gran medida, ya se habían identificado desde el Informe Abril de 1991. Por la mucha mayor preocupación de la población por la sanidad, según manifiestan las encuestas del CIS, por los movimientos ciudadanos y por el descontento profesional, yo no veo a un gobierno nacido de las próximas elecciones sin plantear reformas de calado en el sistema sanitario. Otra cosa es que los problemas sean graves y lleven tiempo, pero el anuncio de por dónde van a ir las reformas debe hacerse. No sería suficiente anunciar una mejora salarial, un retoque de las guardias, un incierto plan de choque para las listas de espera, más recursos en genérico para sanidad o retoques de este tipo. El sistema requiere cirugía mayor, no retoques.

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La sanidad española necesita una cirugía mayor, no pequeños retoques

07/07/2026/en Mis artículos, Sin categorizar /por ignacioriesgo

 

Con motivo de la aparición de mi libro «La Sanidad al desnudo (Por una reforma integral del sistema sanitario)» , Editorial Real del Catorce, 2026, la revista Redacción Médica, me ha hecho la siguiente entrevista, que aparece en el número del 7 de julio de 2026:

7 JUL. 2026 5:15H

POR REBECA COJO

Cuarenta años después de la aprobación de la Ley General de Sanidad, Ignacio Riesgo, asesor, consejero independiente de empresas y vocal del Comité Editorial de Redacción Médica, considera que el gran reto del Sistema Nacional de Salud (SNS) ya no pasa por defender sus principios fundacionales, sino por adaptarlo a un contexto completamente distinto al que vio nacer el modelo. Con esa premisa ha publicado su libro titulado ‘La sanidad al desnudo. Por una reforma integral del sistema sanitario’, en el que reúne 21 propuestas para abrir un debate que, a su juicio, lleva demasiado tiempo aplazándose. El libro se presenta este jueves.

El economista y gestor sanitario, con una larga trayectoria en la dirección de hospitales públicos, la consultoría internacional y el análisis del sistema de salud, sostiene que el SNS mantiene fortalezas que siguen situándolo entre los mejores del mundo, pero advierte de que la falta de reformas profundas durante las últimas cuatro décadas amenaza su sostenibilidad. «Tenemos un sistema con muchísimos valores, pero hacen falta reformas. Y esas reformas no son ventajas menores. Son cirugía mayor. Son cambios en profundidad», resume.

Un sistema diseñado para una España que ya no existe

La idea del libro nace, explica Riesgo, de una reflexión acumulada durante toda una carrera profesional. Perteneciente a la generación que comenzó a trabajar en los primeros años del actual Sistema Nacional de Salud, considera que el modelo ha cambiado mucho menos que la sociedad a la que presta servicio. «La sociedad era una cuando nació la Ley General de Sanidad y ahora es completamente distinta», explica.

En estos cuarenta años, enumera, España ha experimentado un intenso envejecimiento demográfico, las enfermedades crónicas han adquirido un peso creciente, la tecnología ha transformado la práctica clínica y tanto profesionales como pacientes tienen expectativas mucho más elevadas que entonces.

Ese desfase, sostiene, obliga a revisar el funcionamiento del sistema: «No es cierto que esté todo dicho sobre la reforma sanitaria». Frente a quienes consideran que el SNS acumula suficientes informes y diagnósticos, Riesgo cree que aún quedan cuestiones fundamentales fuera del debate público. «Muchas de las cosas que planteo no digo que no se hayan dicho nunca, pero desde luego no forman parte del debate general», asegura.

Los falsos debates que desvían la atención

Uno de los objetivos del libro consiste precisamente en cuestionar algunos de los asuntos que, según el autor, han monopolizado durante años la conversación sanitaria sin atacar los verdaderos problemas del sistema. Entre ellos, menciona la supuesta privatización creciente de la sanidad española.

«No ha habido privatización en el sentido de excluir de la cobertura pública prestaciones o colectivos», sostiene. También cuestiona que el gasto farmacéutico sea uno de los grandes problemas del SNS, recordando que España se sitúa por debajo de la media de la eurozona en gasto per cápita en medicamentos.

En su opinión, tampoco la descentralización autonómica explica por sí sola las dificultades actuales del sistema. El problema, argumenta, no reside en las transferencias sanitarias, sino en la ausencia de una estructura común capaz de gobernar el conjunto del Sistema Nacional de Salud. «La gobernanza del SNS no puede ser simplemente la suma de las gobernanzas de las comunidades autónomas», afirma.


«La gobernanza del SNS no puede ser simplemente la suma de las comunidades autónomas»

A estos ‘no problemas’, Riesgo añade lo que denomina «falsas soluciones». Una de ellas consiste en reclamar únicamente más recursos. «Más dinero, más personal y más infraestructuras sin reformas no solucionan el problema», sostiene. También se muestra escéptico con quienes depositan todas las expectativas en un gran acuerdo político: «Un pacto sin contenido no nos lleva a ningún sitio».

Más autonomía para hospitales y centros sanitarios

El núcleo de la reforma que plantea pasa por transformar la forma en que se gestionan las instituciones sanitarias públicas. Para Riesgo, el actual modelo administrativo impide a hospitales y centros de salud desarrollar todo su potencial porque carecen de capacidad real para tomar decisiones sobre sus recursos. «La Administración entiende que gestionar un hospital es gestionar listas de espera, camas o quirófanos, pero la gestión asistencial no puede separarse de la gestión económica ni de la gestión de personal», explica.

Actualmente, denuncia, los presupuestos dependen de las consejerías de Hacienda, mientras que las plantillas y los procesos de selección están en manos de Función Pública. Una organización que, a su juicio, limita enormemente la autonomía de los responsables sanitarios.

«Es imposible hacer buena gestión asistencial si no se dispone también decapacidad para gestionar el presupuesto y las personas«, afirma. Por ello, una de las principales reformas que propone consiste en devolver capacidad de decisión a hospitales y centros sanitarios, acompañada de un cambio progresivo en el régimen laboral del personal y de una nueva arquitectura institucional que permita coordinar el conjunto del SNS.

La colaboración público-privada, lejos del debate ideológico

Otro de los pilares del libro es la defensa de una colaboración más estrecha entre los sectores público y privado. Riesgo considera que el enfrentamiento ideológico que suele rodear esta cuestión impide abordar el problema desde una perspectiva práctica. «La colaboración público-privada no debe verse como una cuestión ideológica, sino como la posibilidad de aprovechar todos los recursos disponibles al servicio del paciente», sostiene.


«La colaboración público-privada debe verse como una posibilidad de aprovechar todos los recursos disponibles al servicio del paciente»

En su opinión, las listas de espera demuestran que el sector público, por sí solo, no puede absorber toda la demanda asistencial. Al mismo tiempo, considera que la existencia de distintos proveedores introduce incentivosque benefician también al propio sistema público. «Los monopolios, sean públicos o privados, tienen dificultades para orientarse hacia los pacientes, mejorar la eficiencia y elevar la calidad», defiende.

En ese contexto, el autor también plantea una mayor integración del seguro sanitario privado dentro del conjunto del sistema. Recuerda que cerca de una cuarta parte de la población cuenta ya con una póliza privada y propone estudiar mecanismos que permitan aprovechar mejor ese recurso para aliviar la presión asistencial del SNS.

Poner la salud y al paciente en el centro

Las propuestas de Riesgo van más allá de la organización del sistema sanitario. El libro dedica buena parte de su contenido a defender un enfoque más amplio de la salud, en el que la prevención y las políticas públicas adquieran un papel protagonista.

«La salud no está solo en los hospitales», resume. Educación, vivienda, calidad del aire, seguridad vial o condiciones laborales forman parte, a su juicio, de una estrategia sanitaria que debe implicar también a los ayuntamientos, cuyo protagonismo considera que se ha ido diluyendo desde la creación del Sistema Nacional de Salud.

El paciente ocupa igualmente un lugar central en su propuesta de reforma. Aunque reconoce que el concepto de «poner al paciente en el centro» se repite con frecuencia, considera que rara vez se concreta en medidas reales.

Para él, una de las más importantes pasa por ampliar la libertad de elección. «Vivimos en una sociedad donde prácticamente todo puede elegirse. Se puede elegir un coche, unas vacaciones o un libro, pero cuando uno tiene que operarse muchas veces le dicen dónde tiene que hacerlo. A la gente le cuesta mucho aceptar esas cosas».

Reformar para preservar el modelo

Pese a su diagnóstico crítico, Riesgo insiste en que su planteamiento no pretende cuestionar los pilares del Sistema Nacional de Salud. Al contrario, considera que la cobertura universal, la financiación pública mediante impuestos y la descentralización continúan siendo plenamente válidas.

«La Ley General de Sanidad ha sido un éxito en términos de permanencia», afirma. Lo que ha cambiado, explica, es el contexto en el que debe funcionar el sistema. La irrupción de la inteligencia artificial, el envejecimiento de la población o la creciente complejidad de la asistencia sanitaria obligan, a su juicio, a introducir cambios que permitan preservar precisamente aquello que ha convertido al SNS en uno de los grandes activos del Estado del bienestar.

España, recuerda, sigue obteniendo buenos resultados en indicadores como la mortalidad evitable o la mortalidad prevenible. Sin embargo, advierte de que las listas de espera se han convertido en uno de los principales factores de desgaste del sistema y de pérdida de confianza ciudadana.

Por eso, el objetivo de ‘La sanidad al desnudo’ no es presentar un programa político cerrado, sino reabrir un debate que considera inaplazable. «Tenemos un sistema con muchos valores y grandes fortalezas, pero si queremos preservarlo, hacen falta reformas profundas. No bastan los retoques. Hace falta una auténtica cirugía mayor«, concluye.

 

 

 

 

https://ignacioriesgo.es/wp-content/uploads/2026/07/IMG_0489.jpeg 1593 1921 ignacioriesgo ignacioriesgo2026-07-07 11:05:112026-07-07 11:05:11La sanidad española necesita una cirugía mayor, no pequeños retoques

«Meter más dinero a la sanidad, sin modificar la gestión, es como echar más gasolina a un motor gripado»

19/06/2026/en Mis artículos /por ignacioriesgo

 

El 19 de junio de de 2026, el diario La Nueva España, de Oviedo, me publica la entrevista a la que puede accederse a través del pdf adjunto:

 

LNE_EXTRA SALUD 20260619-Página 8-9-Centro

 

 

https://ignacioriesgo.es/wp-content/uploads/2026/06/Sin-titulo-3.png 858 1578 ignacioriesgo ignacioriesgo2026-06-19 16:56:052026-06-20 16:31:06«Meter más dinero a la sanidad, sin modificar la gestión, es como echar más gasolina a un motor gripado»

Continuidad y ruido: la política farmacéutica en el segundo mandato de Trump

23/05/2026/en Mis artículos /por ignacioriesgo

 

 

El prestigiado diario digital diariofarma viene publicando desde hace años un Informe sobre la política farmacéutica, el último, publicado la semana pasada dedicado a 2026.

En el mismo se reproduce un artículo que he escrito titulado «Continuidad y ruido: la política farmacéutica del segundo mandato de Trump».

Acceso al conjunto del informe: https://drive.google.com/file/d/1rGBrxgrGoutfQ2y3kINcXBXTkIjgkMkX/view

El texto del artículo es el siguiente:

 

Continuidad y ruido: la política farmacéutica del segundo mandato de Trump

La situación de partida

Pocas cosas enfurecen más a los americanos que el precio de los medicamentos. Ahí coinciden Demócratas y Republicanos. Y ahí se sitúa Trump, algo que ya se vio en su primer mandato.

La posición de partida es que los medicamentos bajo patente son entre 3 y 4 veces más caros que en otros países desarrollados, también que el gasto en medicamentos en USA, de 1.000 $ per cápita, es el doble que los países comparables. Por otra parte, el gasto en salud americano sigue disparado. En 2024 subió un 7,4% en relación con el año anterior y los medicamentos de prescripción (con un 7,9%) son de las partidas que más han subido.

Por otra parte, Estados Unidos representa el 40-50 % del mercado farmacéutico global. Con el 4% de la población, concentra casi el 50% del gasto en medicamentos, siendo Europa el 20-25%, China el 8-10% y el resto del mundo el 20-25%. De los 1,4-1,6 billones de dólares del conjunto del mercado farmacéutico global, Estados Unidos representa entre 0,6-0,7 billones de ese total. Este país es, de lejos, el mercado más importante de las compañías farmacéuticas, ya que representa dos quintas partes de las ventas (2/5) y dos tercios (2/3) del beneficio de la industria.

¿Cuáles son las razones de este mayor precio de los medicamentos bajo patente en Estados Unidos? Este es un tema bien analizado: en Estados Unidos hay libre fijación de precios; no hay un negociador central capaz de obtener mejores precios; el sistema crea incentivos perversos; hay vías para prolongar la vigencia del monopolio temporal de las patentes; y, el precio se pone tan alto como el mercado aguante. En cambio, en Europa y otros países desarrollados, hay negociación centralizada de precios para su financiación por el sector público; control de precios; se introduce en la decisión del precio la evaluación del valor clínico; y, hay una preocupación por la sostenibilidad del sistema sanitario. Otro mundo.

Cuando hablamos del precio de los medicamentos en Estados Unidos nos referimos a los medicamentos de prescripción protegidos por patente. Los genéricos, que representan el 91% de los medicamentos utilizados, son sustancialmente más baratos que en otras partes del mundo.

Las políticas de anteriores presidentes

Obama fue muy activo en sanidad, con su ley conocida como Obamacare. Pero la preocupación era la de aumentar el número de americanos cubiertos por seguro sanitario. No tocó para nada el precio de los medicamentos.

El primer mandado de Trump ya mostró alguna preocupación por el precio de los medicamentos. Publicó una orden ejecutiva sobre el precio de la insulina y empezó a hablar del concepto de nación más favorecida. Pero sus intentos se quedaron en nada, ya que fueron paralizados por los jueces.

Biden fue el que dio pasos relevantes en relación con el precio de los medicamentos, ya que, en la Ley de Reducción de la Inflación, firmada por el presidente en agosto de 2022, se introducía la negociación con las empresas farmacéuticas para la fijación de precios para el Medicare, el seguro público para cubrir a los mayores de 65 años y ciertos discapacitados, creado en 1965, durante el mandato del Presidente Johnson, aprovechando su extraordinaria habilidad parlamentaria y la gran mayoría demócrata que se generó tras el asesinato de Kennedy.

El cambio histórico de la negociación de precios para el Medicare

La ley citada permitía la negociación de precios de los medicamentos para el Medicare, un cambio histórico en Estados Unidos. El planteamiento para las empresas era: o se llega a un acuerdo en el precio (con la intención inicial de bajar en torno a un 25%), o se deja de suministrar al Medicare o las empresas se exponen a impuestos punitivos.

Las más importantes empresas farmacéuticas, así como la Cámara de Comercio de Estados Unidos y PhRMA (la patronal que agrupa a las grandes empresas farmacéuticas americanas) presentaron demandas ante distintos tribunales, aduciendo vulneración de varios artículos de la Constitución americana. Todo ello tras múltiples intentos de que la ley no saliera.

A pesar de lo anterior, en agosto de 2023, la Administración Biden seleccionó 10 medicamentos de los más caros para el Medicare, para negociar el precio. Estos medicamentos correspondían a 11 empresas: BMS, Pfizer, Boehringher, Lilly, J&J, Merck, AstraZeneca, Novartis, Amgen, Abbie y NovoNordisk. Los medicamentos seleccionados eran para el cáncer, enfermedades cardíacas y diabetes. La intención del CMS (Centro para el Medicare y Medicaid), el organismo que gestiona Medicare, sería la de negociar el 60% de los medicamentos cubiertos por Medicare en 4 años.

Las compañías farmacéuticas anunciaron que participarían en la negociación, aunque mantendrían las demandas.

Tras la primera negociación se lograron ahorros de 6.000 millones de dólares anuales para el Medicare y 1.500 millones para los pacientes al evitarles ciertos pagos de bolsillo.

Es interesante el análisis sobre este tema de The Economist en un editorial de agosto de 2023. Dice que mientras el NHS y otros gobiernos negocian el precio de los medicamentos, uno de los mayores consumidores de medicamentos (Medicare) debe ser un “price-taker” (receptor pasivo del precio). La prohibición de las negociaciones era ilógica y permitir a Medicare negociar el precio de los medicamentos tiene todo el sentido. El problema, continúa, es que se ha ido de un extremo a otro, las penas para las compañías que no acepten el nuevo precio son muy severas. Por otra parte, las compañías farmacéuticas no tienen un beneficio excesivo, considerando su riesgo. De hecho, no tienen beneficios superiores a la media de las firmas S&P 500 (que agrupa 500 de las mayores empresas cotizadas en Estados Unidos). Los precios bajos pueden contentar a los pacientes hoy, pero si baja la investigación en nuevos medicamentos, puede ir en detrimento de nuevos medicamentos mañana.

La política farmacéutica en el segundo mandato de Trump

La política farmacéutica en el segundo mandato de Trump tiene dos componentes: por una parte, continuidad con la política de Biden de negociación de precios para el Medicare y, por otra parte, lo que podríamos llamar “ruido”, un conjunto de medidas heterogéneas basadas en la amenaza de aranceles, las presiones, las negociaciones bilaterales y otro conjunto de elementos de resultado incierto, pero, en todo caso, muy preocupantes.

La Administración Trump no solo no derogó la negociación con el Medicare, sino que la implementó, continuó la negociación e incluso defendió la ley ante los tribunales ante las demandas de las empresas farmacéuticas. Trump continuó e intensificó la negociación, aunque modificó parcialmente la ley con algunos cambios que reducen su alcance, como introducir más excepciones, lo que representa menos medicamentos negociables.

Pero el gran cambio histórico, la negociación de precios de los medicamentos bajo patente con el Medicare, se mantiene.

Los resultados de estas negociaciones para 2027, realizadas ya bajo la Administración Trump, fueron 12.000 millones de ahorros para el Medicare tras la negociación sobre 15 medicamentos y 685 millones de ahorro para los consumidores en pagos de bolsillo.

Pero, aparte de eso, la nueva Administración Trump ha impulsado una serie de medidas, algunas rayanas en el disparate, como son las siguientes:

  • Concepto de “nación más favorecida” (orden ejecutiva de mayo 2025). Según esta idea el precio de los medicamentos en Estados Unidos debería ser más bajo que en otros países desarrollados y homologables.
  • Presiones a Europa para que suba los precios de los medicamentos, bajo la idea de “rebalancear”. Esta política ha sido exitosa en el Reino Unido, que pactó con Estados Unidos una subida de los precios de los medicamentos para el NHS en torno al 25%, lo que representa 1.000 millones de libras de gasto para los próximos tres años. El pacto fue con Estados Unidos, aunque ya anteriormente había habido amenazas de las empresas farmacéuticas de abandonar el Reino Unido, si se mantenían los bajos precios impuestos por los criterios del NICE.
  • Pedir a las compañías que bajen precio, carta del presidente del septiembre de 2025 a 17 compañías. La reacción de las compañías fue muy sintomática, por una parte, se reúnen con Trump en el Despacho Oval para aceptar la bajada y, posteriormente, suben los precios un 4% de media para 2026.
  • Forzar la producción de medicamentos en Estados Unidos, amenazando con un arancel del 100% a las compañías que vendan medicamentos patentados en Estados Unidos no producidos en ese país. Esta política tuvo un aparente éxito, ya que las compañías, incluso algunas europeas, se comprometieron a intensas inversiones en Estados Unidos. Bajo esta presión las compañías prometen inversiones de más de 80.000 millones para construir fábricas en Estados Unidos. Sin embargo, no olvidemos que la puesta en marcha de una fábrica de medicamentos lleva entre 5-10 años y a Trump le quedan menos de tres años en la Casa Blanca.
  • Política antivacunas, muy activamente dirigida por el excéntrico secretario de Salud, Robert F Kennedy, Jr., en el marco de lo que llama la política MAHA (Make America Healthy Again), que pretende ser una trasposición al mundo de la salud de la política de Trump MAGA (Make America Great Again).
  • Debilitamiento de instituciones clave, como el CDC (Centers for Disease Control and Prevention), un auténtico referente mundial en control de enfermedades infecciosas y en epidemiología y análisis de datos.
  • Ataques a la ciencia y reducción de la financiación de los NHI (National Health Institutes), el conjunto de centros de investigación en biomedicina más importante del mundo, gran parte de cuyos programas han sido desmontados, llevados de una desconfianza hacia la ciencia muy propia del populismo y dejando la puerta abierta a la hegemonía de China en este campo.
  • Actuaciones sobre la publicidad de los medicamentos de venta libre, a partir del concepto de “sobremedicación” de los americanos.
  • TrumpRX, una tienda on line de medicamentos, que sorprendentemente lleva el nombre del presidente. Es una simple web que no venderá medicaciones, sino solamente indicará dónde pueden adquirirse y a qué precio. El website ofrecerá información sobre 43 medicamentos. Para algunos, como el New York Times, es más que improbable que los americanos ahorren con este método.

En resumen, una razonable política de continuidad de la negociación de precios para el Medicare y otro conjunto de medidas, de resultado incierto, y con el riesgo de distorsionar a nivel global toda la logística del medicamento.

 

 

 

 

https://ignacioriesgo.es/wp-content/uploads/2026/05/Imagen.png 2244 1564 ignacioriesgo ignacioriesgo2026-05-23 18:48:432026-05-24 21:50:12Continuidad y ruido: la política farmacéutica en el segundo mandato de Trump

Comprar tiempo para reformar el National Health Service

20/05/2026/en Mis artículos /por ignacioriesgo

 

El pasado 20 de mayo de 2026, Redacción Médica, me publico el artículo titulado «Comprar tiempo para reformar el National Health Service», cuyo texto es el siguiente:

 

Comprar tiempo para reformar el National Health Service

La sorpresiva dimisión de Streeting como ministro de Salud

La semana pasada se produjo la dimisión de Wes Streeting como ministro de Salud del gobierno británico, en un intento de liderar el Partido Laborista y de alcanzar la posición de primer ministro, sustituyendo a Keir Starmer, al que Streeting reprocha falta de visión.

Tendrá que competir para ello con otros contendientes, entre ellos con el popular alcalde de Manchester, Andy Burnham. Una de las posiciones hechas públicas por Streeting es calificar el Brexit como un “error catastrófico” y pedir la vuelta a la Unión Europea, algo en lo que no es secundado por Burnham.

Pero lo que nos interesa ahora es comentar su actuación como ministro de Salud, casi unánimemente calificada como activa y brillante. En sus casi 700 días como ministro disolvió el NHS England, un pesado y caro aparato burocrático que ahogaba la autonomía de los centros, mejoró las listas de espera, se produjo un aumento de satisfacción entre la población con el National Health Service (NHS) y lanzó un ambicioso plan de reformas de este.

Comprar tiempo para reformar

El diagnóstico inicial de Streeting era que el National Health Service estaba “quebrado” (broken) y había que actuar de forma enérgica.

Justo al llegar al ministerio, pidió a Lord Darzi, un acreditado académico y cirujano, un diagnóstico sobre el National Health Service, que estuvo preparado en el tiempo prefijado por Streeting de tres meses.

Luego, en julio de 2025, justo al cabo de un año de la llegada al gobierno, publicó el “Plan de Salud a 10 años para Inglaterra”, un ambicioso plan de reformas centradas en tres grandes cambios: de hospital a comunidad, de analógico a digital y de enfermedad a prevención. Tras un amplísimo proceso de consultas, el gobierno se comprometió totalmente con este Plan, apareciendo en el documento solo el prólogo del primer ministro y el epílogo del ministro de Salud, sin escudarse, como a veces es habitual, en una relación interminable de expertos.

Lo que sorprende es el plazo: 10 años. ¿Cómo a 10 años? ¿Qué empresa plantea hoy un plan estratégico a 10 años? Se parte de la base de que los cambios son tan rápidos e imprevisibles, que es imposible una perspectiva a tantos años. Por eso suelen hacerse planes a tres años, como máximo, con frecuencia incluso a dos.

Pero el problema es que el National Health Service no es una empresa y sus problemas no tienen solución a corto plazo. Hace falta comprar tiempo, lo más importante en política.

Ese es el significado del Plan a 10 años. El mensaje implícito es que hacen falta dos legislaturas para abordar los cambios (en el Reino Unido las legislaturas son de un máximo de 5 años).

Objetivos en listas de espera

También fue relevante su intervención en las listas de espera. Una de sus promesas fue que para el final de la legislatura el 92% de los pacientes en Inglaterra empezarían su tratamiento antes de las 18 semanas de su diagnóstico, con el objetivo intermedio del 65% para marzo de 2026. Pues bien, ese objetivo intermedio se alcanzó en la fecha indicada.

Posibles enseñanzas para España

En España el Sistema Nacional de Salud (SNS) también necesita reformas. Ante unas próximas elecciones, algunos se inclinan por redactar una nueva Ley General de Sanidad, pero seguramente, puesto que el modelo del sistema, basado en la cobertura universal, financiación pública vía impuestos y gestión descentralizada, no hace falta cambiarlo, sea más correcto elaborar un plan de reformas, que se haga público y cubra al menos dos legislaturas. Los problemas del Sistema Nacional de Salud son graves y, como los del National Health Service, no tienen arreglo a corto plazo. Comprar tiempo sería la operación política más inteligente. Lógicamente, ese plan no puede ser tan detallado como el plan de un país centralizado como Inglaterra, pero eso no quiere decir que el Sistema Nacional de Salud, en su conjunto, no deba tener criterio y planes en cuanto a algunos temas comunes y cruciales. Listas de espera o medición de la productividad, por ejemplo, deberían ser objeto de preocupación del conjunto del sistema.

Otra enseñanza es en cuanto a listas de espera. No es suficiente con que el Ministerio publique listas de espera (parcialmente, solo de consultas e intervenciones quirúrgicas) y, en ocasiones, de dudosa fiabilidad. Se necesita que el Ministerio publique listas de espera completas (Atención Primaria, consultas de especialidades, pruebas, intervenciones quirúrgicas, esperas de ambulancias, etc.). Y no solo que las publique, sino que haya objetivos para cada uno de estos apartados, que permita seguir su cumplimiento. Aunque la transparencia es importante, el Ministerio no es un simple gabinete de estudios que hace públicos unos informes periódicos. Debe ser un agente activo en el abordaje de las listas de espera, estableciendo objetivos para cada tipo de asistencia e implicándose, junto con las comunidades autónomas, en su cumplimiento.

 

 

 

https://ignacioriesgo.es/wp-content/uploads/2026/05/Imagen-20-5-26-a-las-20.32.png 612 2066 ignacioriesgo ignacioriesgo2026-05-20 20:42:102026-05-20 20:44:11Comprar tiempo para reformar el National Health Service

Ante un innegociable Estatuto Médico y una interminable huelga

14/05/2026/en Mis artículos /por ignacioriesgo

 

 

El día 14 de mayo de 2026, Redacción Médica me publicó el siguiente artículo:

Ante un innegociable Estatuto Médico y una inacabable huelga

El papel central del médico en el sistema sanitario

Ese papel viene dado por su capacidad de decisión y responsabilidad: el tiempo que dedicará al paciente, las pruebas diagnósticas, el tratamiento farmacológico o quirúrgico, el ingreso en un hospital o el alta.

Por otra parte, la relación médico-enfermo es clave para el funcionamiento humanizado y eficaz del sistema y es la actividad core de cualquier sistema sanitario asistencial.

Por eso la primera fuente de eficiencia es que el médico se sienta responsable ante el enfermo y el sistema y apoyado por el sistema.

Dicho sea todo lo anterior, sin ignorar el trabajo en equipo multidisciplinar y la importancia de todas las profesiones sanitarias.

La importancia de los sindicatos como órganos constitucionales

En la Constitución Española, los sindicatos aparecen reconocidos de forma explícita y con un papel relevante dentro del sistema democrático, particularmente en dos artículos clave: el 7 y el 28.1.

El papel de los sindicatos en sanidad es de representación y negociación colectiva, defensa de los derechos laborales, movilización y protesta, pudiendo llegar a la huelga, influencia en las políticas sanitarias y formación.

Los principales sindicatos del sector sanitario incluyen tanto sindicatos generalistas como de ámbito específico de la salud: SATSE (enfermería), CESM (médicos), CSIF, UGT, CCOO, USO y otros sindicatos autonómicos.

A pesar de su labor positiva en defensa de las condiciones laborales, a veces se acusa a los sindicatos en sanidad de politización o de dificultar reformas necesarias. También su defensa de un cierto igualitarismo, con dificultades para aceptar el reconocimiento y la diferenciación individual y colectiva, base de cualquier gestión dinámica.

El profesionalismo, un tema no cubierto por los sindicatos

Se entiende por profesionalismo, el disponer no solo de competencia científica y técnica para el ejercicio de una profesión, sino también de ciertos valores, ese plus moral que la excelencia profesional requiere y, más concretamente, en las profesiones sanitarias. En sanidad, los valores van dirigidos hacia el paciente, hacia la propia competencia profesional, hacia los colegas y conjunto de profesionales sanitarios y hacia la sociedad.

Los temas del profesionalismo médico tienen que ver con la autonomía para tomar decisiones clínicas, organizativas y de gestión; disponer de los recursos necesarios para la mejora de la atención a los pacientes; retribuciones de acuerdo con su nivel de responsabilidad, dedicación y resultados; y, un marco continuo de adquisición de competencias.

La representación del profesionalismo médico en España recae en losColegios Profesionales y las sociedades científico-médicas.

Los médicos en España, ante un doble problema

Este doble problema es sindical y de profesionalismo.

Desde el punto de vista sindical, un cierto desplazamiento a lo largo de muchos años de toda la discusión laboral hacia estamentos no clínicos, con mala comprensión de los planteamientos laborales de los médicos (esto está en el origen de la reivindicación de un Estatuto específico por parte de los sindicatos médicos).

Desde el punto de vista del profesionalismo, un mal encaje del profesionalismo en el sistema sanitario español, con ausencia de estructuras de gobierno participativas de los profesionales; modelo de gestión del Sistema Nacional de Salud con prácticamente nula autonomía de los centros lo que impide la delegación efectiva de responsabilidad organizativa y de gestión a los profesionales; y, sistemas burocrático-administrativos de reclutamiento, promoción y carrera profesional.

Esperamos una negociación de las partes

Con esa problemática de fondo, venimos asistiendo desde hace meses a huelgas médicas intermitentes, que lógicamente disminuyen la actividad y dificultan la solución de uno de los grandes problemas del sistema: las listas de espera, así como comprometen el prestigio del sistema sanitario público y del colectivo médico.

Por parte del Ministerio de Sanidad hay una negativa total a ni siquiera discutir la posibilidad de un Estatuto Médico diferenciado, dando a entender que esta reivindicación responde a criterios clasistas y defensa de intereses corporativos, opinión difícilmente compartible, ya que soluciones similares a Estatutos médicos existen en muchas partes de Europa.

Por parte de los sindicatos médicos, parece que hay una voluntad de continuar la huelga, no se sabe hasta cuándo, sin tener en cuenta que las huelgas tan dilatadas siempre debilitan al colectivo convocado, particularmente cuando no se ve una salida a corto-medio plazo.

Seguramente, llegado este momento y frente a un Ministerio que considera el Estatuto Médico un tabú inaceptable y que se ha mostrado insensible a las consecuencias de una huelga tan dilatada, llegue el momento de replantearse la huelga. No se trata de renunciar al Estatuto Médico, si se sigue considerando necesario, lo que parece razonable, sino de defenderlo por otras vías (la huelga, aunque legítima, no es el único instrumento de reivindicación sindical, ni siempre el más oportuno). Y hacerlo, con múltiples acciones, ante el conjunto de los médicos, de otras profesiones sanitarias, del resto de los sindicatos y del conjunto de la sociedad, incluyendo la representación de pacientes. Y, por supuesto, plantearlo en alianza con la representación profesional médica. Se trata de crear un marco de receptividad social y política al Estatuto Médico hasta que lleguen tiempos mejores, que llegarán.

Entretanto, ¿sería mucho pedir que tanto el Ministerio de Sanidad, como los sindicatos médicos, como la representación profesional médica, encontraran un punto de salida intermedio? Algo que permitiera salir de la huelga, sin renunciar a los objetivos a largo plazo.

 

https://ignacioriesgo.es/wp-content/uploads/2026/05/Imagen-14-5-26-a-las-10.30.png 622 2104 ignacioriesgo ignacioriesgo2026-05-14 10:39:422026-05-14 10:39:42Ante un innegociable Estatuto Médico y una interminable huelga
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