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Se incluyen artículos que yo he escrito y que han sido publicados, bien en prensa general, en prensa profesional o en capítulos de libros

Por una reforma de la libertad de elección sanitaria en Madrid

23/07/2026/en Mis artículos /por ignacioriesgo

 

Dos sanitarias en la unidad de cuidados intensivos pediátricos (UCIP) del Hospital Ramón y Cajal, en Madrid.ALEJANDRO MARTÍNEZ VÉLEZ (EUROPA PRESS)

 

El día 23 de julio de 2026, el diario El Pais, me public el siguiente articulo:

 

IGNACIO RIESGO
23 JUL 2026 – 05:30 CEST
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Partamos de unas recientes declaraciones en Madrid de Alan Milburn, exministro de Sanidad del Reino Unido con Tony Blair: “Que el paciente pueda elegir su sanidad, no la que le diga el Estado o su médico”.

Si realmente queremos situar al paciente en el centro del sistema sanitario, el primer paso es reconocerle el derecho a elegir su centro de Atención Primaria y su hospital. Esta libertad no solo beneficia al paciente, sino que introduce un poderoso incentivo para mejorar la eficiencia, la calidad asistencial y la orientación al ciudadano.

Será imposible incorporar las continuas innovaciones diagnósticas y terapéuticas sin unas instituciones sanitarias eficientes, salvo que aceptemos un crecimiento descontrolado e insostenible del gasto sanitario.

En mi reciente libro La sanidad al desnudo (Por una reforma integral del sistema sanitario) (Real del Catorce, 2026) defiendo la incorporación al Sistema Nacional de Salud de elementos poco presentes en el debate público: superar el excesivo control administrativo de la sanidad, romper la lógica del monopolio público mediante una mayor libertad de elección del paciente, dotar al sistema de una verdadera gobernanza, regular la participación del sector privado en la provisión pública, introducir incentivos adecuados y reforzar el profesionalismo sanitario, complementando el necesario diálogo con los sindicatos.

La libertad de elección cuenta ya con una amplia experiencia internacional, especialmente en Suecia, Dinamarca, Reino Unido y Países Bajos. Estos casos muestran que la decisión de los pacientes depende menos de los indicadores técnicos de calidad clínica que de factores como los tiempos de espera, la facilidad para obtener cita, la accesibilidad, la comodidad y el trato recibido, todos ellos componentes esenciales de la calidad asistencial. Para que este modelo funcione, los hospitales deben competir bajo reglas de financiación equivalentes y con el principio de que el dinero siga al paciente.

La experiencia de la Comunidad de Madrid, donde la libertad de elección se implantó en 2010, resulta especialmente ilustrativa. Tras dieciséis años de funcionamiento, los datos muestran que los grandes hospitales tradicionales —La Paz, 12 de Octubre, Ramón y Cajal y Gregorio Marañón— han perdido una parte significativa de su actividad, mientras que los hospitales gestionados mediante concesión, especialmente los del grupo Quirón y el Hospital de Torrejón, la han incrementado.

Este resultado no es sorprendente. Se ha hecho competir a hospitales públicos sometidos a un modelo de gestión administrativa, con escasa autonomía, especialmente en materia económica y de recursos humanos —muy condicionados por las Consejerías de Hacienda y de Función Pública—, con hospitales concesionales que disponen de mayor capacidad de gestión y en los que la financiación sigue efectivamente al paciente.

La experiencia madrileña no demuestra que la libertad de elección sea un error. El problema de Madrid no ha sido introducir la competencia, sino hacerlo entre organizaciones que juegan con reglas distintas. Demuestra que la competencia sólo produce buenos resultados cuando todos los hospitales compiten con reglas semejantes. Mientras los hospitales públicos continúen sometidos a un modelo de gestión burocrático y los concesionales disfruten de una amplia autonomía, la competencia será necesariamente desigual. La verdadera reforma pendiente no consiste en limitar la libertad de elección, sino en dotar a los hospitales públicos de la capacidad de gestión necesaria para competir en igualdad de condiciones y ofrecer a los ciudadanos una sanidad pública más eficiente, más innovadora y más centrada en el paciente.

Ignacio Riesgo es médico, consultor sanitario y autor del libro La sanidad al desnudo

https://ignacioriesgo.es/wp-content/uploads/2026/07/RLBIIAW6RNGYPDY42HUHDTINMQ.jpg.avif 800 1200 ignacioriesgo ignacioriesgo2026-07-23 06:34:292026-07-23 06:34:29Por una reforma de la libertad de elección sanitaria en Madrid

«Superar el monopolio público significa ampliar la libertad de elección de los pacientes»

20/07/2026/en Mis artículos /por ignacioriesgo

 

 

El texto de las declaraciones es el siguiente:

  • EVA S. CORADA @evacorada
Creada: 21.07.2026 06:00
Última actualización: 21.07.2026 06:00

Es una de las personas que más sabe de gestión sanitaria de España. En su nuevo libro, «La sanidad al desnudo» (Ed. Real del Catorce) no esquiva ninguno de los grandes debates de la sanidad lejos de enfoques habituales y cuestionando alguna de las ideas más extendidas del debate sanitario.

¿Cuál es el problema nuclear de la sanidad española?

Cuando hablo de una reforma integral me refiero a todo el sistema sanitario, público y privado. Defiendo un sistema público eficiente, pero para lograrlo necesita el poderoso incentivo a la eficiencia y a la calidad que aporta la competencia con un sector privado comprometido con el servicio público. No considero la sanidad un simple bien de mercado, sino un servicio basado en la cobertura universal y la financiación pública. En cuanto a los problemas de fondo, España dispone de un buen sistema en términos de resultados en salud, pero apenas ha experimentado reformas de calado desde la Ley General de Sanidad, hace ya 40 años, mientras la sociedad ha cambiado profundamente.

Hace más de 20 años se advierte de que el sistema va a colapsar. ¿Estamos a tiempo de evitarlo?

El sistema sanitario es muy robusto y no va a colapsar de un día para otro. Lo importante es impulsar reformas sostenibles que garanticen su viabilidad y capacidad de adaptación.

¿Qué reforma considera más urgente?

Desde la perspectiva de los pacientes, reducir las listas de espera, reforzar la prevención y orientar el sistema hacia la atención de las enfermedades crónicas. Desde el punto de vista organizativo, es necesario aumentar la autonomía de las organizaciones sanitarias, especialmente en la gestión económica y de personal; avanzar hacia la superación del actual régimen funcionarial; establecer una auténtica gobernanza del SNS y afrontar el reto de las nuevas tecnologías, en especial de la IA, que transformará profundamente la sanidad.

Habla de superar el «monopolio público», pero las listas de espera también están aumentando en la sanidad privada…

Superar la lógica del monopolio público significa, fundamentalmente, ampliar la libertad de elección de los pacientes. Es cierto que empiezan a aparecer listas de espera en la sanidad privada, algo relativamente nuevo. Sin embargo, no es comparable esperar unas semanas con esperar meses o incluso años, como sucede con frecuencia en el sistema público.

«Cuando hablo de una reforma integral me refiero a todo el sistema sanitario, público y privado»

Sostiene que en España no faltan médicos. ¿Qué respondería a quienes afirman lo contrario?

Les invitaría a consultar el número de médicos por cada mil habitantes en los países de la Unión Europea. España se sitúa entre los países con mayor dotación, por lo que el problema no es la escasez global de profesionales. Eso no significa que no existan dificultades: faltan incentivos para trabajar en atención primaria, en la España despoblada y hay carencias en algunas especialidades por problemas de planificación. Además, hay que analizar la productividad, y conviene replantear las funciones de los médicos, transfiriendo determinadas tareas a otros profesionales, como enfermeros y asistentes clínicos.

En su libro desmonta algunos de los mitos más extendidos sobre la sanidad española. ¿Cuáles destacaría?

El camino de las reformas está minado por los «no problemas», que se presentan como problemas graves, y las «falsas soluciones». Entre los «no problemas», está la supuesta privatización creciente, lo que algunos llaman un gasto farmacéutico descontrolado o la idea de que faltan médicos. También abundan las falsas soluciones: el «radicalismo selectivo», que pretende abordar cuestiones aisladas sin una visión global, o la estrategia de «más madera», consistente en aumentar recursos, personal e instalaciones sin acometer las reformas estructurales necesarias, o los planteamientos de las «mareas blancas», que pretenden que todo el servicio sanitario público se dé desde instituciones públicas, lo que sería un caso único en Europa.

Durante años se dijo que teníamos el mejor sistema sanitario del mundo. ¿Qué queda hoy de aquel modelo?

No existe el mejor sistema sanitario del mundo; existen sistemas con buenas prácticas de las que aprender. La creencia de que España ya disponía del mejor sistema ha sido uno de los principales obstáculos para introducir reformas. Si se piensa que todo funciona bien, desaparecen los incentivos para mejorar. Conservamos principios muy valiosos, como la cobertura universal, la financiación pública mediante impuestos y la gestión descentralizada, pero necesita una profunda actualización.

¿Qué opina del nuevo Estatuto Marco?

Comparto plenamente la reivindicación de un Estatuto Médico. España constituye una excepción en Europa al carecer de un marco específico de negociación para este colectivo. También considero un error plantear la desaparición de las guardias de 24 horas sin analizar previamente sus consecuencias sobre las necesidades de personal, los costes, la organización asistencial, la jornada laboral y el sistema de incentivos. Afrontar esta cuestión sin ese análisis previo me parece una auténtica frivolidad por parte del Ministerio de Sanidad.

https://ignacioriesgo.es/wp-content/uploads/2026/07/Imagen-20-7-26-a-las-10.34.png 510 832 ignacioriesgo ignacioriesgo2026-07-20 10:54:362026-07-21 09:40:05«Superar el monopolio público significa ampliar la libertad de elección de los pacientes»

El sistema sanitario necesita una cirugía mayor, no retoques

20/07/2026/en Mis artículos /por ignacioriesgo

Ignacio Riesgo, consultor de sanidad: «El sistema sanitario necesita una cirugía mayor, no retoques»

En esta entrevista, desvela las principales ideas que recoge en su libro La Sanidad al desnudo. Por una reforma integral del sistema sanitario y analiza por qué el próximo Gobierno no podrá seguir aplazando las reformas estructurales que necesita la sanidad

 

 

 

POR MAR MUÑOZ20 JULIO 2026Tiempo de lectura 8 minutos

La sanidad española es uno de los grandes logros colectivos de la historia de nuestro país. Es uno de los pilares que sostienen el Estado del bienestar y protegen a las personas en algunos de los momentos más vulnerables de sus vidas. Sin embargo, funciona bajo un marco que dificulta atraer talento, incorporar grandes avances terapéuticos o responder al gran desafío que plantea la cronicidad. Esta situación, lleva años suscitando reivindicaciones, reproches y advertencias. Muchos debates se han centrado en cuánto hay que gastar y en qué papel debe jugar el sector privado.

En La sanidad al desnudo, Ignacio Riesgo propone ampliar la mirada de modo que dejemos que “administrar la decadencia y empezar a afrontar las reformas necesarias”. Con una visión rigurosa y provocadora, propone una agenda de reforma sostenible basada en la orientación hacia la salud, la libertad de elección, la autonomía de gestión, la renovación del sector público y la colaboración inteligente entre los sectores público y privado.

Su diagnóstico nace de una trayectoria que le ha permitido conocer la sanidad desde prácticamente todos sus ángulos. Primero, ejerció como médico hospitalario y, posteriormente, asumió responsabilidades de gestión en grandes organizaciones hospitalarias universitarias. Entre 1986 y 1993 fue vicepresidente y presidente de la European Hospital and Healthcare Federation (HOPE), una posición desde la que pudo analizar y comparar la evolución de distintos modelos sanitarios europeos. Desde 1995 desarrolla su actividad como consultor especializado en salud, creando y dirigiendo equipos en organizaciones internacionales y asesorando procesos de transformación sanitaria. De hecho, ha sido curator del Forbes Healthcare Summit 2025 y 2026. Esa combinación de experiencia clínica, gestión, visión internacional y análisis estratégico sustenta una reflexión rigurosa y autorizada.

¿Por qué tiene sentido publicar este libro ahora?

Este libro surge de la necesidad de incorporar al debate sanitario ciertos elementos que están ausentes del mismo. Es el caso del valor de la competencia, con su gran potencial de mejora de la eficiencia y la calidad; o el poner al paciente en el centro, dándole capacidad de elección; o la conveniencia de romper la lógica de monopolio público, que rige el funcionamiento del sector sanitario público; o acabar con el secuestro por la Administración Pública de la Sanidad a la que se hurtan nada menos que la gestión económica y de personal. También creo que surge la necesidad de introducir incentivos explícitos y bien diseñados. Necesitamos medir la productividad; contar con un modelo de gobernanza para el conjunto del Sistema Nacional de Salud, si queremos que siga siendo un sistema. Entre otros elementos.

¿Cuál debería ser la sanidad a la que deberíamos dirigirnos?

Debemos dirigirnos a un sistema orientado a la prevención, más que a las enfermedades; mucho más predictivo en cuanto a los riesgos que tienen las personas; con más implicación del paciente en su propio cuidado; con derecho del paciente a elegir centro sanitario; con mucha más inmediatez, utilizando, para ello, la tecnología; con acceso a información clínica, al equipo asistencial y a organizar citas desde el teléfono móvil; con posibilidad de ser atendido presencialmente o a distancia, en su propio domicilio o en cualquier entorno utilizando las tecnologías; con mucha mayor facilidad de movimientos para los pacientes entre los distintos componentes del sistema, Atención Primaria, Hospitales y servicios sociales; mucho más transparente… Donde las listas de espera sean cosa del pasado.

¿Qué inversión económica implican estas reformas? ¿Podemos sostenerlas? ¿Cómo podrían sostenerse?

La tendencia general del gasto sanitario es al alza, por encima del crecimiento del PIB. Esta es la tendencia en todos los países. Aunque, por supuesto, esta tendencia no puede ser indefinida, salvo que se pretenda gastar todo el dinero en sanidad, lo que es absurdo e iría en contra de la salud ya que hay muchas inversiones también relacionadas con la salud (educación, vivienda, seguridad vial, seguridad laboral, etc.).

Por otra parte, las circunstancias geopolíticas, con mucha más presencia del rearme, no favorecen un gran crecimiento del gasto sanitario. Dicho eso, de lo que hay que huir es de más inversión económica sin reformas, lo que podríamos llamar, “más madera” (más dinero, más profesionales, más instalaciones, etc.), promesa habitual de los políticos, que, en ausencia de reformas, no suele conducir a nada.

Una de las reivindicaciones más fuertes del libro es que los hospitales y centros sanitarios se gestionan como una pieza más del aparato administrativo. ¿Qué modelo de gestión pública sanitaria sería óptima?

Ahí no hay que inventar nada. El modelo existe en toda Europa. Necesitamos unas instituciones sanitarias que tengan una configuración empresarial, con autonomía de gestión y con una gobernanza, con separación gobierno/dirección. Esto de que los centros sanitarios sean una parte indiferenciada de la Administración y que, además, las Consejerías de Hacienda y de Función Pública les sustraigan tanto la gestión económica como la de recursos humanos, dejando limitada la gestión de estos centros a la gestión asistencial, como si se pudiera hacer gestión asistencial sin gestión económica y de personal, es pura y simplemente una aberración. Esta reforma conlleva más cambios en la organización de las Consejerías de Hacienda y de Función Pública, que en la de Sanidad.

¿Es necesaria una profesionalización de los gestores sanitarios? ¿Qué sería básico en el perfil de estos gestores?

Aquí no hay que idealizar nada. El perfil de los gestores sanitarios debe ser el de un gestor de cualquier empresa: conocimiento del sector, visión estratégica, habilidades generales de gestión, capacidad de coordinar equipos y de comunicación. Por supuesto, no hace falta ser médico, aunque en Estados Unidos la mayor parte de los gerentes hospitalarios son médicos. La ventaja de los médicos es que tienen un conocimiento profundo de la actividad core de los hospitales, lo que les facilita la interlocución con los profesionales. Hay excelentes gestores en sanidad con todas esas cualidades, el problema es crear el marco en el que puedan ejercerse, que tiene que ser fuera de la gestión directa administrativa. Estoy en contra de la creación de un cuerpo administrativo de gerentes hospitalarios.

Hablando de hospitales, quizá uno de los cambios, teniendo en cuenta la importancia de alinearse con el paciente, sería dejar de organizar los hospitales por especialidades. ¿Qué opina?

Las especialidades son necesarias como organizaciones de conocimiento, no como órganos de gestión. Los hospitales deben organizarse en base a los grandes procesos asistenciales, dónde se integrarían los distintos especialistas.

Escribe sobre la necesidad de entender el sector privado más allá de la clásica colaboración público-privada. ¿Cómo se explica esta idea sin que se interprete automáticamente como privatización?

Privatización, en sentido estricto -si entendemos por ella la exclusión de la cobertura pública a determinadas capas sociales o prestaciones-, no ha existido en nuestro país. Lo que se ha dado es un gran crecimiento del sector privado como consecuencia de problemas graves en la pública, sobre todo las listas de espera. Pero, el sector privado es un potencial aliado del sistema público. Se trataría de implicar al sector privado en el servicio público, ya que este no debe ser dado solamente por el sistema público. ¿Cómo es posible que ni el Estado ni ninguna comunidad autónoma haya impulsado una especie de Pacto pública/privada para acabar con las listas de espera?

No propone medidas que sean fácilmente aplicables o que sean “populares”, políticamente hablando.

No. Los problemas que arrastra el sistema sanitario son demasiado profundos como para resolverse con medidas sencillas o políticamente cómodas. Evidentemente, son cambios complejos y pueden generar resistencias, pero la función de la política no debería ser evitar las reformas difíciles, sino explicarlas, hacerlas comprensibles y demostrar que son necesarias para preservar un sistema público, universal y sostenible. Así, el objetivo sería plantear una “reforma sostenible” manteniendo las características del Sistema Nacional de Salud: financiación pública vía impuestos, cobertura universal y gestión descentralizada.

Comenta que las medidas pueden generar resistencias. ¿Cree que los ciudadanos están preparados para asumir que preservar un sistema público exige también aceptar cambios incómodos en la forma de usarlo, financiarlo y evaluarlo?

Los ciudadanos están preparados para casi todo siempre que se les sepa explicar. Esto es labor de los políticos, no tanto de los gestores. Por otra parte, creo, sinceramente, que pueden esperar más ventajas que inconvenientes de las reformas: lucha efectiva contra las listas de espera, mayor capacidad de elección de centro, la inmediatez que da el uso intensivo de las tecnologías en sanidad, un sistema más adaptado a crónicos y con más conexión con los servicios sociales, etc.

¿Cree que el próximo Gobierno debe contemplar la puesta en marcha de reformas estructurales serias?

Desde hace 40 años, los gobiernos de los distintos signos políticos no están dando pasos hacia reformas necesarias en el sistema pese a que estas, en gran medida, ya se habían identificado desde el Informe Abril de 1991. Por la mucha mayor preocupación de la población por la sanidad, según manifiestan las encuestas del CIS, por los movimientos ciudadanos y por el descontento profesional, yo no veo a un gobierno nacido de las próximas elecciones sin plantear reformas de calado en el sistema sanitario. Otra cosa es que los problemas sean graves y lleven tiempo, pero el anuncio de por dónde van a ir las reformas debe hacerse. No sería suficiente anunciar una mejora salarial, un retoque de las guardias, un incierto plan de choque para las listas de espera, más recursos en genérico para sanidad o retoques de este tipo. El sistema requiere cirugía mayor, no retoques.

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La sanidad española necesita una cirugía mayor, no pequeños retoques

07/07/2026/en Mis artículos, Sin categorizar /por ignacioriesgo

 

Con motivo de la aparición de mi libro «La Sanidad al desnudo (Por una reforma integral del sistema sanitario)» , Editorial Real del Catorce, 2026, la revista Redacción Médica, me ha hecho la siguiente entrevista, que aparece en el número del 7 de julio de 2026:

7 JUL. 2026 5:15H

POR REBECA COJO

Cuarenta años después de la aprobación de la Ley General de Sanidad, Ignacio Riesgo, asesor, consejero independiente de empresas y vocal del Comité Editorial de Redacción Médica, considera que el gran reto del Sistema Nacional de Salud (SNS) ya no pasa por defender sus principios fundacionales, sino por adaptarlo a un contexto completamente distinto al que vio nacer el modelo. Con esa premisa ha publicado su libro titulado ‘La sanidad al desnudo. Por una reforma integral del sistema sanitario’, en el que reúne 21 propuestas para abrir un debate que, a su juicio, lleva demasiado tiempo aplazándose. El libro se presenta este jueves.

El economista y gestor sanitario, con una larga trayectoria en la dirección de hospitales públicos, la consultoría internacional y el análisis del sistema de salud, sostiene que el SNS mantiene fortalezas que siguen situándolo entre los mejores del mundo, pero advierte de que la falta de reformas profundas durante las últimas cuatro décadas amenaza su sostenibilidad. «Tenemos un sistema con muchísimos valores, pero hacen falta reformas. Y esas reformas no son ventajas menores. Son cirugía mayor. Son cambios en profundidad», resume.

Un sistema diseñado para una España que ya no existe

La idea del libro nace, explica Riesgo, de una reflexión acumulada durante toda una carrera profesional. Perteneciente a la generación que comenzó a trabajar en los primeros años del actual Sistema Nacional de Salud, considera que el modelo ha cambiado mucho menos que la sociedad a la que presta servicio. «La sociedad era una cuando nació la Ley General de Sanidad y ahora es completamente distinta», explica.

En estos cuarenta años, enumera, España ha experimentado un intenso envejecimiento demográfico, las enfermedades crónicas han adquirido un peso creciente, la tecnología ha transformado la práctica clínica y tanto profesionales como pacientes tienen expectativas mucho más elevadas que entonces.

Ese desfase, sostiene, obliga a revisar el funcionamiento del sistema: «No es cierto que esté todo dicho sobre la reforma sanitaria». Frente a quienes consideran que el SNS acumula suficientes informes y diagnósticos, Riesgo cree que aún quedan cuestiones fundamentales fuera del debate público. «Muchas de las cosas que planteo no digo que no se hayan dicho nunca, pero desde luego no forman parte del debate general», asegura.

Los falsos debates que desvían la atención

Uno de los objetivos del libro consiste precisamente en cuestionar algunos de los asuntos que, según el autor, han monopolizado durante años la conversación sanitaria sin atacar los verdaderos problemas del sistema. Entre ellos, menciona la supuesta privatización creciente de la sanidad española.

«No ha habido privatización en el sentido de excluir de la cobertura pública prestaciones o colectivos», sostiene. También cuestiona que el gasto farmacéutico sea uno de los grandes problemas del SNS, recordando que España se sitúa por debajo de la media de la eurozona en gasto per cápita en medicamentos.

En su opinión, tampoco la descentralización autonómica explica por sí sola las dificultades actuales del sistema. El problema, argumenta, no reside en las transferencias sanitarias, sino en la ausencia de una estructura común capaz de gobernar el conjunto del Sistema Nacional de Salud. «La gobernanza del SNS no puede ser simplemente la suma de las gobernanzas de las comunidades autónomas», afirma.


«La gobernanza del SNS no puede ser simplemente la suma de las comunidades autónomas»

A estos ‘no problemas’, Riesgo añade lo que denomina «falsas soluciones». Una de ellas consiste en reclamar únicamente más recursos. «Más dinero, más personal y más infraestructuras sin reformas no solucionan el problema», sostiene. También se muestra escéptico con quienes depositan todas las expectativas en un gran acuerdo político: «Un pacto sin contenido no nos lleva a ningún sitio».

Más autonomía para hospitales y centros sanitarios

El núcleo de la reforma que plantea pasa por transformar la forma en que se gestionan las instituciones sanitarias públicas. Para Riesgo, el actual modelo administrativo impide a hospitales y centros de salud desarrollar todo su potencial porque carecen de capacidad real para tomar decisiones sobre sus recursos. «La Administración entiende que gestionar un hospital es gestionar listas de espera, camas o quirófanos, pero la gestión asistencial no puede separarse de la gestión económica ni de la gestión de personal», explica.

Actualmente, denuncia, los presupuestos dependen de las consejerías de Hacienda, mientras que las plantillas y los procesos de selección están en manos de Función Pública. Una organización que, a su juicio, limita enormemente la autonomía de los responsables sanitarios.

«Es imposible hacer buena gestión asistencial si no se dispone también decapacidad para gestionar el presupuesto y las personas«, afirma. Por ello, una de las principales reformas que propone consiste en devolver capacidad de decisión a hospitales y centros sanitarios, acompañada de un cambio progresivo en el régimen laboral del personal y de una nueva arquitectura institucional que permita coordinar el conjunto del SNS.

La colaboración público-privada, lejos del debate ideológico

Otro de los pilares del libro es la defensa de una colaboración más estrecha entre los sectores público y privado. Riesgo considera que el enfrentamiento ideológico que suele rodear esta cuestión impide abordar el problema desde una perspectiva práctica. «La colaboración público-privada no debe verse como una cuestión ideológica, sino como la posibilidad de aprovechar todos los recursos disponibles al servicio del paciente», sostiene.


«La colaboración público-privada debe verse como una posibilidad de aprovechar todos los recursos disponibles al servicio del paciente»

En su opinión, las listas de espera demuestran que el sector público, por sí solo, no puede absorber toda la demanda asistencial. Al mismo tiempo, considera que la existencia de distintos proveedores introduce incentivosque benefician también al propio sistema público. «Los monopolios, sean públicos o privados, tienen dificultades para orientarse hacia los pacientes, mejorar la eficiencia y elevar la calidad», defiende.

En ese contexto, el autor también plantea una mayor integración del seguro sanitario privado dentro del conjunto del sistema. Recuerda que cerca de una cuarta parte de la población cuenta ya con una póliza privada y propone estudiar mecanismos que permitan aprovechar mejor ese recurso para aliviar la presión asistencial del SNS.

Poner la salud y al paciente en el centro

Las propuestas de Riesgo van más allá de la organización del sistema sanitario. El libro dedica buena parte de su contenido a defender un enfoque más amplio de la salud, en el que la prevención y las políticas públicas adquieran un papel protagonista.

«La salud no está solo en los hospitales», resume. Educación, vivienda, calidad del aire, seguridad vial o condiciones laborales forman parte, a su juicio, de una estrategia sanitaria que debe implicar también a los ayuntamientos, cuyo protagonismo considera que se ha ido diluyendo desde la creación del Sistema Nacional de Salud.

El paciente ocupa igualmente un lugar central en su propuesta de reforma. Aunque reconoce que el concepto de «poner al paciente en el centro» se repite con frecuencia, considera que rara vez se concreta en medidas reales.

Para él, una de las más importantes pasa por ampliar la libertad de elección. «Vivimos en una sociedad donde prácticamente todo puede elegirse. Se puede elegir un coche, unas vacaciones o un libro, pero cuando uno tiene que operarse muchas veces le dicen dónde tiene que hacerlo. A la gente le cuesta mucho aceptar esas cosas».

Reformar para preservar el modelo

Pese a su diagnóstico crítico, Riesgo insiste en que su planteamiento no pretende cuestionar los pilares del Sistema Nacional de Salud. Al contrario, considera que la cobertura universal, la financiación pública mediante impuestos y la descentralización continúan siendo plenamente válidas.

«La Ley General de Sanidad ha sido un éxito en términos de permanencia», afirma. Lo que ha cambiado, explica, es el contexto en el que debe funcionar el sistema. La irrupción de la inteligencia artificial, el envejecimiento de la población o la creciente complejidad de la asistencia sanitaria obligan, a su juicio, a introducir cambios que permitan preservar precisamente aquello que ha convertido al SNS en uno de los grandes activos del Estado del bienestar.

España, recuerda, sigue obteniendo buenos resultados en indicadores como la mortalidad evitable o la mortalidad prevenible. Sin embargo, advierte de que las listas de espera se han convertido en uno de los principales factores de desgaste del sistema y de pérdida de confianza ciudadana.

Por eso, el objetivo de ‘La sanidad al desnudo’ no es presentar un programa político cerrado, sino reabrir un debate que considera inaplazable. «Tenemos un sistema con muchos valores y grandes fortalezas, pero si queremos preservarlo, hacen falta reformas profundas. No bastan los retoques. Hace falta una auténtica cirugía mayor«, concluye.

 

 

 

 

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«Meter más dinero a la sanidad, sin modificar la gestión, es como echar más gasolina a un motor gripado»

19/06/2026/en Mis artículos /por ignacioriesgo

 

El 19 de junio de de 2026, el diario La Nueva España, de Oviedo, me publica la entrevista a la que puede accederse a través del pdf adjunto:

 

LNE_EXTRA SALUD 20260619-Página 8-9-Centro

 

 

https://ignacioriesgo.es/wp-content/uploads/2026/06/Sin-titulo-3.png 858 1578 ignacioriesgo ignacioriesgo2026-06-19 16:56:052026-06-20 16:31:06«Meter más dinero a la sanidad, sin modificar la gestión, es como echar más gasolina a un motor gripado»

Continuidad y ruido: la política farmacéutica en el segundo mandato de Trump

23/05/2026/en Mis artículos /por ignacioriesgo

 

 

El prestigiado diario digital diariofarma viene publicando desde hace años un Informe sobre la política farmacéutica, el último, publicado la semana pasada dedicado a 2026.

En el mismo se reproduce un artículo que he escrito titulado «Continuidad y ruido: la política farmacéutica del segundo mandato de Trump».

Acceso al conjunto del informe: https://drive.google.com/file/d/1rGBrxgrGoutfQ2y3kINcXBXTkIjgkMkX/view

El texto del artículo es el siguiente:

 

Continuidad y ruido: la política farmacéutica del segundo mandato de Trump

La situación de partida

Pocas cosas enfurecen más a los americanos que el precio de los medicamentos. Ahí coinciden Demócratas y Republicanos. Y ahí se sitúa Trump, algo que ya se vio en su primer mandato.

La posición de partida es que los medicamentos bajo patente son entre 3 y 4 veces más caros que en otros países desarrollados, también que el gasto en medicamentos en USA, de 1.000 $ per cápita, es el doble que los países comparables. Por otra parte, el gasto en salud americano sigue disparado. En 2024 subió un 7,4% en relación con el año anterior y los medicamentos de prescripción (con un 7,9%) son de las partidas que más han subido.

Por otra parte, Estados Unidos representa el 40-50 % del mercado farmacéutico global. Con el 4% de la población, concentra casi el 50% del gasto en medicamentos, siendo Europa el 20-25%, China el 8-10% y el resto del mundo el 20-25%. De los 1,4-1,6 billones de dólares del conjunto del mercado farmacéutico global, Estados Unidos representa entre 0,6-0,7 billones de ese total. Este país es, de lejos, el mercado más importante de las compañías farmacéuticas, ya que representa dos quintas partes de las ventas (2/5) y dos tercios (2/3) del beneficio de la industria.

¿Cuáles son las razones de este mayor precio de los medicamentos bajo patente en Estados Unidos? Este es un tema bien analizado: en Estados Unidos hay libre fijación de precios; no hay un negociador central capaz de obtener mejores precios; el sistema crea incentivos perversos; hay vías para prolongar la vigencia del monopolio temporal de las patentes; y, el precio se pone tan alto como el mercado aguante. En cambio, en Europa y otros países desarrollados, hay negociación centralizada de precios para su financiación por el sector público; control de precios; se introduce en la decisión del precio la evaluación del valor clínico; y, hay una preocupación por la sostenibilidad del sistema sanitario. Otro mundo.

Cuando hablamos del precio de los medicamentos en Estados Unidos nos referimos a los medicamentos de prescripción protegidos por patente. Los genéricos, que representan el 91% de los medicamentos utilizados, son sustancialmente más baratos que en otras partes del mundo.

Las políticas de anteriores presidentes

Obama fue muy activo en sanidad, con su ley conocida como Obamacare. Pero la preocupación era la de aumentar el número de americanos cubiertos por seguro sanitario. No tocó para nada el precio de los medicamentos.

El primer mandado de Trump ya mostró alguna preocupación por el precio de los medicamentos. Publicó una orden ejecutiva sobre el precio de la insulina y empezó a hablar del concepto de nación más favorecida. Pero sus intentos se quedaron en nada, ya que fueron paralizados por los jueces.

Biden fue el que dio pasos relevantes en relación con el precio de los medicamentos, ya que, en la Ley de Reducción de la Inflación, firmada por el presidente en agosto de 2022, se introducía la negociación con las empresas farmacéuticas para la fijación de precios para el Medicare, el seguro público para cubrir a los mayores de 65 años y ciertos discapacitados, creado en 1965, durante el mandato del Presidente Johnson, aprovechando su extraordinaria habilidad parlamentaria y la gran mayoría demócrata que se generó tras el asesinato de Kennedy.

El cambio histórico de la negociación de precios para el Medicare

La ley citada permitía la negociación de precios de los medicamentos para el Medicare, un cambio histórico en Estados Unidos. El planteamiento para las empresas era: o se llega a un acuerdo en el precio (con la intención inicial de bajar en torno a un 25%), o se deja de suministrar al Medicare o las empresas se exponen a impuestos punitivos.

Las más importantes empresas farmacéuticas, así como la Cámara de Comercio de Estados Unidos y PhRMA (la patronal que agrupa a las grandes empresas farmacéuticas americanas) presentaron demandas ante distintos tribunales, aduciendo vulneración de varios artículos de la Constitución americana. Todo ello tras múltiples intentos de que la ley no saliera.

A pesar de lo anterior, en agosto de 2023, la Administración Biden seleccionó 10 medicamentos de los más caros para el Medicare, para negociar el precio. Estos medicamentos correspondían a 11 empresas: BMS, Pfizer, Boehringher, Lilly, J&J, Merck, AstraZeneca, Novartis, Amgen, Abbie y NovoNordisk. Los medicamentos seleccionados eran para el cáncer, enfermedades cardíacas y diabetes. La intención del CMS (Centro para el Medicare y Medicaid), el organismo que gestiona Medicare, sería la de negociar el 60% de los medicamentos cubiertos por Medicare en 4 años.

Las compañías farmacéuticas anunciaron que participarían en la negociación, aunque mantendrían las demandas.

Tras la primera negociación se lograron ahorros de 6.000 millones de dólares anuales para el Medicare y 1.500 millones para los pacientes al evitarles ciertos pagos de bolsillo.

Es interesante el análisis sobre este tema de The Economist en un editorial de agosto de 2023. Dice que mientras el NHS y otros gobiernos negocian el precio de los medicamentos, uno de los mayores consumidores de medicamentos (Medicare) debe ser un “price-taker” (receptor pasivo del precio). La prohibición de las negociaciones era ilógica y permitir a Medicare negociar el precio de los medicamentos tiene todo el sentido. El problema, continúa, es que se ha ido de un extremo a otro, las penas para las compañías que no acepten el nuevo precio son muy severas. Por otra parte, las compañías farmacéuticas no tienen un beneficio excesivo, considerando su riesgo. De hecho, no tienen beneficios superiores a la media de las firmas S&P 500 (que agrupa 500 de las mayores empresas cotizadas en Estados Unidos). Los precios bajos pueden contentar a los pacientes hoy, pero si baja la investigación en nuevos medicamentos, puede ir en detrimento de nuevos medicamentos mañana.

La política farmacéutica en el segundo mandato de Trump

La política farmacéutica en el segundo mandato de Trump tiene dos componentes: por una parte, continuidad con la política de Biden de negociación de precios para el Medicare y, por otra parte, lo que podríamos llamar “ruido”, un conjunto de medidas heterogéneas basadas en la amenaza de aranceles, las presiones, las negociaciones bilaterales y otro conjunto de elementos de resultado incierto, pero, en todo caso, muy preocupantes.

La Administración Trump no solo no derogó la negociación con el Medicare, sino que la implementó, continuó la negociación e incluso defendió la ley ante los tribunales ante las demandas de las empresas farmacéuticas. Trump continuó e intensificó la negociación, aunque modificó parcialmente la ley con algunos cambios que reducen su alcance, como introducir más excepciones, lo que representa menos medicamentos negociables.

Pero el gran cambio histórico, la negociación de precios de los medicamentos bajo patente con el Medicare, se mantiene.

Los resultados de estas negociaciones para 2027, realizadas ya bajo la Administración Trump, fueron 12.000 millones de ahorros para el Medicare tras la negociación sobre 15 medicamentos y 685 millones de ahorro para los consumidores en pagos de bolsillo.

Pero, aparte de eso, la nueva Administración Trump ha impulsado una serie de medidas, algunas rayanas en el disparate, como son las siguientes:

  • Concepto de “nación más favorecida” (orden ejecutiva de mayo 2025). Según esta idea el precio de los medicamentos en Estados Unidos debería ser más bajo que en otros países desarrollados y homologables.
  • Presiones a Europa para que suba los precios de los medicamentos, bajo la idea de “rebalancear”. Esta política ha sido exitosa en el Reino Unido, que pactó con Estados Unidos una subida de los precios de los medicamentos para el NHS en torno al 25%, lo que representa 1.000 millones de libras de gasto para los próximos tres años. El pacto fue con Estados Unidos, aunque ya anteriormente había habido amenazas de las empresas farmacéuticas de abandonar el Reino Unido, si se mantenían los bajos precios impuestos por los criterios del NICE.
  • Pedir a las compañías que bajen precio, carta del presidente del septiembre de 2025 a 17 compañías. La reacción de las compañías fue muy sintomática, por una parte, se reúnen con Trump en el Despacho Oval para aceptar la bajada y, posteriormente, suben los precios un 4% de media para 2026.
  • Forzar la producción de medicamentos en Estados Unidos, amenazando con un arancel del 100% a las compañías que vendan medicamentos patentados en Estados Unidos no producidos en ese país. Esta política tuvo un aparente éxito, ya que las compañías, incluso algunas europeas, se comprometieron a intensas inversiones en Estados Unidos. Bajo esta presión las compañías prometen inversiones de más de 80.000 millones para construir fábricas en Estados Unidos. Sin embargo, no olvidemos que la puesta en marcha de una fábrica de medicamentos lleva entre 5-10 años y a Trump le quedan menos de tres años en la Casa Blanca.
  • Política antivacunas, muy activamente dirigida por el excéntrico secretario de Salud, Robert F Kennedy, Jr., en el marco de lo que llama la política MAHA (Make America Healthy Again), que pretende ser una trasposición al mundo de la salud de la política de Trump MAGA (Make America Great Again).
  • Debilitamiento de instituciones clave, como el CDC (Centers for Disease Control and Prevention), un auténtico referente mundial en control de enfermedades infecciosas y en epidemiología y análisis de datos.
  • Ataques a la ciencia y reducción de la financiación de los NHI (National Health Institutes), el conjunto de centros de investigación en biomedicina más importante del mundo, gran parte de cuyos programas han sido desmontados, llevados de una desconfianza hacia la ciencia muy propia del populismo y dejando la puerta abierta a la hegemonía de China en este campo.
  • Actuaciones sobre la publicidad de los medicamentos de venta libre, a partir del concepto de “sobremedicación” de los americanos.
  • TrumpRX, una tienda on line de medicamentos, que sorprendentemente lleva el nombre del presidente. Es una simple web que no venderá medicaciones, sino solamente indicará dónde pueden adquirirse y a qué precio. El website ofrecerá información sobre 43 medicamentos. Para algunos, como el New York Times, es más que improbable que los americanos ahorren con este método.

En resumen, una razonable política de continuidad de la negociación de precios para el Medicare y otro conjunto de medidas, de resultado incierto, y con el riesgo de distorsionar a nivel global toda la logística del medicamento.

 

 

 

 

https://ignacioriesgo.es/wp-content/uploads/2026/05/Imagen.png 2244 1564 ignacioriesgo ignacioriesgo2026-05-23 18:48:432026-05-24 21:50:12Continuidad y ruido: la política farmacéutica en el segundo mandato de Trump

Comprar tiempo para reformar el National Health Service

20/05/2026/en Mis artículos /por ignacioriesgo

 

El pasado 20 de mayo de 2026, Redacción Médica, me publico el artículo titulado «Comprar tiempo para reformar el National Health Service», cuyo texto es el siguiente:

 

Comprar tiempo para reformar el National Health Service

La sorpresiva dimisión de Streeting como ministro de Salud

La semana pasada se produjo la dimisión de Wes Streeting como ministro de Salud del gobierno británico, en un intento de liderar el Partido Laborista y de alcanzar la posición de primer ministro, sustituyendo a Keir Starmer, al que Streeting reprocha falta de visión.

Tendrá que competir para ello con otros contendientes, entre ellos con el popular alcalde de Manchester, Andy Burnham. Una de las posiciones hechas públicas por Streeting es calificar el Brexit como un “error catastrófico” y pedir la vuelta a la Unión Europea, algo en lo que no es secundado por Burnham.

Pero lo que nos interesa ahora es comentar su actuación como ministro de Salud, casi unánimemente calificada como activa y brillante. En sus casi 700 días como ministro disolvió el NHS England, un pesado y caro aparato burocrático que ahogaba la autonomía de los centros, mejoró las listas de espera, se produjo un aumento de satisfacción entre la población con el National Health Service (NHS) y lanzó un ambicioso plan de reformas de este.

Comprar tiempo para reformar

El diagnóstico inicial de Streeting era que el National Health Service estaba “quebrado” (broken) y había que actuar de forma enérgica.

Justo al llegar al ministerio, pidió a Lord Darzi, un acreditado académico y cirujano, un diagnóstico sobre el National Health Service, que estuvo preparado en el tiempo prefijado por Streeting de tres meses.

Luego, en julio de 2025, justo al cabo de un año de la llegada al gobierno, publicó el “Plan de Salud a 10 años para Inglaterra”, un ambicioso plan de reformas centradas en tres grandes cambios: de hospital a comunidad, de analógico a digital y de enfermedad a prevención. Tras un amplísimo proceso de consultas, el gobierno se comprometió totalmente con este Plan, apareciendo en el documento solo el prólogo del primer ministro y el epílogo del ministro de Salud, sin escudarse, como a veces es habitual, en una relación interminable de expertos.

Lo que sorprende es el plazo: 10 años. ¿Cómo a 10 años? ¿Qué empresa plantea hoy un plan estratégico a 10 años? Se parte de la base de que los cambios son tan rápidos e imprevisibles, que es imposible una perspectiva a tantos años. Por eso suelen hacerse planes a tres años, como máximo, con frecuencia incluso a dos.

Pero el problema es que el National Health Service no es una empresa y sus problemas no tienen solución a corto plazo. Hace falta comprar tiempo, lo más importante en política.

Ese es el significado del Plan a 10 años. El mensaje implícito es que hacen falta dos legislaturas para abordar los cambios (en el Reino Unido las legislaturas son de un máximo de 5 años).

Objetivos en listas de espera

También fue relevante su intervención en las listas de espera. Una de sus promesas fue que para el final de la legislatura el 92% de los pacientes en Inglaterra empezarían su tratamiento antes de las 18 semanas de su diagnóstico, con el objetivo intermedio del 65% para marzo de 2026. Pues bien, ese objetivo intermedio se alcanzó en la fecha indicada.

Posibles enseñanzas para España

En España el Sistema Nacional de Salud (SNS) también necesita reformas. Ante unas próximas elecciones, algunos se inclinan por redactar una nueva Ley General de Sanidad, pero seguramente, puesto que el modelo del sistema, basado en la cobertura universal, financiación pública vía impuestos y gestión descentralizada, no hace falta cambiarlo, sea más correcto elaborar un plan de reformas, que se haga público y cubra al menos dos legislaturas. Los problemas del Sistema Nacional de Salud son graves y, como los del National Health Service, no tienen arreglo a corto plazo. Comprar tiempo sería la operación política más inteligente. Lógicamente, ese plan no puede ser tan detallado como el plan de un país centralizado como Inglaterra, pero eso no quiere decir que el Sistema Nacional de Salud, en su conjunto, no deba tener criterio y planes en cuanto a algunos temas comunes y cruciales. Listas de espera o medición de la productividad, por ejemplo, deberían ser objeto de preocupación del conjunto del sistema.

Otra enseñanza es en cuanto a listas de espera. No es suficiente con que el Ministerio publique listas de espera (parcialmente, solo de consultas e intervenciones quirúrgicas) y, en ocasiones, de dudosa fiabilidad. Se necesita que el Ministerio publique listas de espera completas (Atención Primaria, consultas de especialidades, pruebas, intervenciones quirúrgicas, esperas de ambulancias, etc.). Y no solo que las publique, sino que haya objetivos para cada uno de estos apartados, que permita seguir su cumplimiento. Aunque la transparencia es importante, el Ministerio no es un simple gabinete de estudios que hace públicos unos informes periódicos. Debe ser un agente activo en el abordaje de las listas de espera, estableciendo objetivos para cada tipo de asistencia e implicándose, junto con las comunidades autónomas, en su cumplimiento.

 

 

 

https://ignacioriesgo.es/wp-content/uploads/2026/05/Imagen-20-5-26-a-las-20.32.png 612 2066 ignacioriesgo ignacioriesgo2026-05-20 20:42:102026-05-20 20:44:11Comprar tiempo para reformar el National Health Service

Ante un innegociable Estatuto Médico y una interminable huelga

14/05/2026/en Mis artículos /por ignacioriesgo

 

 

El día 14 de mayo de 2026, Redacción Médica me publicó el siguiente artículo:

Ante un innegociable Estatuto Médico y una inacabable huelga

El papel central del médico en el sistema sanitario

Ese papel viene dado por su capacidad de decisión y responsabilidad: el tiempo que dedicará al paciente, las pruebas diagnósticas, el tratamiento farmacológico o quirúrgico, el ingreso en un hospital o el alta.

Por otra parte, la relación médico-enfermo es clave para el funcionamiento humanizado y eficaz del sistema y es la actividad core de cualquier sistema sanitario asistencial.

Por eso la primera fuente de eficiencia es que el médico se sienta responsable ante el enfermo y el sistema y apoyado por el sistema.

Dicho sea todo lo anterior, sin ignorar el trabajo en equipo multidisciplinar y la importancia de todas las profesiones sanitarias.

La importancia de los sindicatos como órganos constitucionales

En la Constitución Española, los sindicatos aparecen reconocidos de forma explícita y con un papel relevante dentro del sistema democrático, particularmente en dos artículos clave: el 7 y el 28.1.

El papel de los sindicatos en sanidad es de representación y negociación colectiva, defensa de los derechos laborales, movilización y protesta, pudiendo llegar a la huelga, influencia en las políticas sanitarias y formación.

Los principales sindicatos del sector sanitario incluyen tanto sindicatos generalistas como de ámbito específico de la salud: SATSE (enfermería), CESM (médicos), CSIF, UGT, CCOO, USO y otros sindicatos autonómicos.

A pesar de su labor positiva en defensa de las condiciones laborales, a veces se acusa a los sindicatos en sanidad de politización o de dificultar reformas necesarias. También su defensa de un cierto igualitarismo, con dificultades para aceptar el reconocimiento y la diferenciación individual y colectiva, base de cualquier gestión dinámica.

El profesionalismo, un tema no cubierto por los sindicatos

Se entiende por profesionalismo, el disponer no solo de competencia científica y técnica para el ejercicio de una profesión, sino también de ciertos valores, ese plus moral que la excelencia profesional requiere y, más concretamente, en las profesiones sanitarias. En sanidad, los valores van dirigidos hacia el paciente, hacia la propia competencia profesional, hacia los colegas y conjunto de profesionales sanitarios y hacia la sociedad.

Los temas del profesionalismo médico tienen que ver con la autonomía para tomar decisiones clínicas, organizativas y de gestión; disponer de los recursos necesarios para la mejora de la atención a los pacientes; retribuciones de acuerdo con su nivel de responsabilidad, dedicación y resultados; y, un marco continuo de adquisición de competencias.

La representación del profesionalismo médico en España recae en losColegios Profesionales y las sociedades científico-médicas.

Los médicos en España, ante un doble problema

Este doble problema es sindical y de profesionalismo.

Desde el punto de vista sindical, un cierto desplazamiento a lo largo de muchos años de toda la discusión laboral hacia estamentos no clínicos, con mala comprensión de los planteamientos laborales de los médicos (esto está en el origen de la reivindicación de un Estatuto específico por parte de los sindicatos médicos).

Desde el punto de vista del profesionalismo, un mal encaje del profesionalismo en el sistema sanitario español, con ausencia de estructuras de gobierno participativas de los profesionales; modelo de gestión del Sistema Nacional de Salud con prácticamente nula autonomía de los centros lo que impide la delegación efectiva de responsabilidad organizativa y de gestión a los profesionales; y, sistemas burocrático-administrativos de reclutamiento, promoción y carrera profesional.

Esperamos una negociación de las partes

Con esa problemática de fondo, venimos asistiendo desde hace meses a huelgas médicas intermitentes, que lógicamente disminuyen la actividad y dificultan la solución de uno de los grandes problemas del sistema: las listas de espera, así como comprometen el prestigio del sistema sanitario público y del colectivo médico.

Por parte del Ministerio de Sanidad hay una negativa total a ni siquiera discutir la posibilidad de un Estatuto Médico diferenciado, dando a entender que esta reivindicación responde a criterios clasistas y defensa de intereses corporativos, opinión difícilmente compartible, ya que soluciones similares a Estatutos médicos existen en muchas partes de Europa.

Por parte de los sindicatos médicos, parece que hay una voluntad de continuar la huelga, no se sabe hasta cuándo, sin tener en cuenta que las huelgas tan dilatadas siempre debilitan al colectivo convocado, particularmente cuando no se ve una salida a corto-medio plazo.

Seguramente, llegado este momento y frente a un Ministerio que considera el Estatuto Médico un tabú inaceptable y que se ha mostrado insensible a las consecuencias de una huelga tan dilatada, llegue el momento de replantearse la huelga. No se trata de renunciar al Estatuto Médico, si se sigue considerando necesario, lo que parece razonable, sino de defenderlo por otras vías (la huelga, aunque legítima, no es el único instrumento de reivindicación sindical, ni siempre el más oportuno). Y hacerlo, con múltiples acciones, ante el conjunto de los médicos, de otras profesiones sanitarias, del resto de los sindicatos y del conjunto de la sociedad, incluyendo la representación de pacientes. Y, por supuesto, plantearlo en alianza con la representación profesional médica. Se trata de crear un marco de receptividad social y política al Estatuto Médico hasta que lleguen tiempos mejores, que llegarán.

Entretanto, ¿sería mucho pedir que tanto el Ministerio de Sanidad, como los sindicatos médicos, como la representación profesional médica, encontraran un punto de salida intermedio? Algo que permitiera salir de la huelga, sin renunciar a los objetivos a largo plazo.

 

https://ignacioriesgo.es/wp-content/uploads/2026/05/Imagen-14-5-26-a-las-10.30.png 622 2104 ignacioriesgo ignacioriesgo2026-05-14 10:39:422026-05-14 10:39:42Ante un innegociable Estatuto Médico y una interminable huelga

No hace falta cambiar la Ley General de Sanidad, sí reformas focalizadas

25/04/2026/en Mis artículos /por ignacioriesgo

 

 

 

El pasado 24 de abril 2026, en el marco de una serie de artículos sobre el 40 aniversario de la Ley General de Sanidad, Redacción Médica, me publicó el siguiente artículo:

 

No hace falta cambiar la Ley General de Sanidad, aunque sí reformas focalizadas

A raíz del 40 aniversario de la Ley General de Sanidad, hay algunas posiciones que defienden una reforma integral de nuestro sistema sanitario, mediante una nueva Ley General de Sanidad. No es esa la tesis que se sostiene en este artículo.

Las reformas sanitarias integrales

La creación del NHS en el Reino Unido en 1948; el impulso al Sistema Nacional de Salud en España dado por la Ley General de Sanidad de 1986; el sistema de seguro sanitario público en Canadá consolidado en 1984 (llamado Medicare); la cobertura universal en Tailandia en 2001; el Sistema Único de Saúde (SUS) en Brasil, creado a partir de 1988; y, la reforma post-conflicto en Ruanda (en los años 2000); son otros tantos ejemplos de reformas integrales. Aunque tienen elementos muy distintos, todas comparten un avance hacia la cobertura universal, financiación pública, enfoque en equidad y fuerte compromiso político.

Lo que representó la Ley General de Sanidad

En la década 1977-1988, antes y después de la Ley General de Sanidad, con gobiernos de UCD y del PSOE, se introdujeron cambios significativos en el sistema sanitario, con operaciones de reformas importantes, tanto o más que las introducidas en la Ley General de Sanidad.

Los elementos más importantes de estos cambios previos a la ley son: creación del Ministerio de Sanidad en 1977; constitución del Instituto Nacional de la Salud (INSALUD) en 1978; creación y consolidación del sistema MIR (Médicos Internos Residentes) (1978); creación de la especialidad médica de Medicina Familiar y Comunitaria (1978); reforma de la Atención Primaria, a partir de 1984; reforma hospitalaria (1987).

La Ley General de Sanidad crea el Sistema Nacional de Salud, impulsa la unificación de redes públicas; consolida un modelo asistencial en dos niveles (primaria y especializada), impulsa las transferencias, sienta las bases para el posterior avance en la universalización y en la financiación vía impuestos.

En definitiva, un cambio de modelo, de uno de Seguridad Social a otro de tipología Servicio Nacional de Salud. Un ejemplo claro de reforma integral.

La Ley General de Sanidad, un caso de estabilidad

Los 40 años de vigencia de la Ley General de Sanidad la configuran como un ejemplo de estabilidad, algo que era difícil de vislumbrar dado el gran debate que se produjo sobre la misma a lo largo de la legislatura 1982-1986 y la forma de su aprobación. La ley fue aprobada con los votos del PSOE, PNV, CiU y PCE.  Coalición Popular, la entonces derecha, votó en contra.

Esto contrasta con la situación en educación, dónde, en el mismo periodo, ha habido 8 leyes: LOECE (1980); LODE (1985); LOGSE (1990); LOPEG (1995); LOSE (2002); LOE (2006); LOMCE (2013) y LOMLOE (2020).

Hay varios hechos que explican esta situación:

• La versión final de la ley, relativamente moderada, si la comparamos con los borradores iniciales. De la ley se llegaron a hacer 14 borradores, muestra de discrepancias notables tanto en el PSOE como en el propio Gobierno. El ministro Ernest Lluch es considerado el padre de la Ley.
• Su aplicación inicial equilibrada, mérito que corresponde al largo ministerio de Julián García Vargas (1986-1991), al que tocó dar los primeros pasos en la aplicación de la Ley, incluyendo la constitución del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud.
• La aceptación de la Ley por el Partido Popular, heredero de Coalición Popular, en 1998, bajo el ministerio de Romay Beccaría, a través de la aprobación por el Pleno de la Cámara de una declaración para avanzar en la consolidación del Sistema Nacional de Salud. Este texto fue de gran importancia política y ha permitido que el Partido Popular estuviera en el Gobierno, sin que se le pasara por la cabeza cambiar la Ley General de Sanidad.

Reformas incrementales

Lógicamente, las reformas integrales no se plantean continuamente, sino que lo habitual es, una vez hecha una reforma de ese tipo, que se vayan introduciendo ajustes parciales, que tratan de abordar aspectos concretos (eficiencia, gobernanza, cobertura, calidad, etc.) evitando rupturas bruscas. Es a eso a lo que llamamos reformas incrementales.

Los ajustes continuos en el NHS, como la introducción progresiva de mercados internos en los años 90; las reformas en los seguros obligatorios en Alemania (reformas periódicas en los copagos; incentivos para eficiencia de las aseguradoras, …); los cambios continuos en un sistema fragmentado como el de Estados Unidos (Obamacare, expansión del Medicaid, los cambios en la financiación de medicamentos, …); la expansión gradual de la cobertura en Chile; la introducción de los seguros de larga duración (2000) en Japón, y otros tantos casos, son ejemplos de mejoras incrementales. Estas reformas son más viables políticamente y permiten la adaptación constante a nuevas necesidades.

En España se considera que la generalización de las transferencias en 2002fue la reforma incremental más importante de nuestro sistema, aunque, por supuesto, no la única.

Inconvenientes de una nueva ley General de Sanidad

Se aduce que debe haber una nueva ley, ya que la ley actual está derogada en un 70 por ciento y no incluye la digitalización, lo que es casi normal en una ley que ha durado 40 años.

Una nueva Ley General de Sanidad, significaría abrir un importante melón de consecuencias inciertas, y no debe hacerse por esas razones sino para un cambio de modelo.

España no necesita un cambio de modelo sanitario

En España el cambio integral se produjo en los años 80 y culminó con la Ley General de Sanidad de 1986. Se introdujeron cambios en el modelo asistencial, hospitales y Atención Primaria; en la cobertura; en la unificación de redes públicas, en la financiación; y, en la descentralización del sistema, creando el Sistema Nacional de Salud, considerado justamente uno de los mayores logros de la democracia.

El resultado no fue perfecto, pero tenemos un sistema con unos valores importantes; unos profesionales bien formados y comprometidos; un gasto público total razonable; una muy amplia cartera de servicios; unas infraestructuras, en general, de alta calidad, que cubren todo el territorio nacional; unos muy buenos resultados en salud; una razonable valoración por la sociedad, …

En estas circunstancias, el cambio de modelo a través de una reforma integral no es ni políticamente viable ni deseable. Lo cual no es incompatible con ajustes profundos y cambios en aspectos concretos, para corregir algunos elementos que se ha visto que no funcionan bien o para adaptar el sistema a los múltiples cambios en la sociedad.

El que no haga falta un cambio de modelo ni otra reforma integral, como la de los años 80, no puede llevarnos a la conclusión de que el sistema no debe tocarse y no requiere reformas. Eso sería letal para el actual sistema.

En cierta manera la situación seria similar a la que se dio en el Reino Unido, cuando, en 2023, algunos planteaban el retorno a un modelo de seguros sociales, lo que obtuvo el rechazo tanto de The Economist en un editorial como en un artículo de Martin Wolf, economista-jefe del Financial Times, por considerarla una operación muy complicada y que alejaba los esfuerzos de los verdaderos problemas.

Lo que necesitamos son reformas focalizadas

Focalizadas en temas mayores, no confundamos con el llamado “radicalismo selectivo”, que muchas veces se aplica a temas menores precisamente para obviar los mayores. Una ley general de Sanidad puede ser incluso una distracción en el abordaje de esas reformas.

¿Qué reformas?, fundamentalmente tres:

  • cambios en el modelo de gestión pública, superando la gestión directa administrativa predominante hacia otra con más autonomía.
  • modificación del régimen de personal, ya que el actual funcionarial es único en Europa y no responde a los requerimientos del sistema.
  • una nueva arquitectura institucional, adaptada a la nueva realidad transferencial y que permita que el sistema siga siendo un sistema y no un conjunto de subsistemas más o menos coordinados.

Evidentemente, estas no son las únicas reformas necesarias, hay otras muchas: digitalización, medicina de precisión, orientación hacia la prevención, etc.

Pero, sin esas tres reformas, malamente avanzaremos en la mejora del sistema. Sobre ellas hay que poner el foco.

https://ignacioriesgo.es/wp-content/uploads/2026/04/Foto-Ignacio-Riesgo.png 752 1274 ignacioriesgo ignacioriesgo2026-04-25 17:14:552026-04-25 17:21:52No hace falta cambiar la Ley General de Sanidad, sí reformas focalizadas

¿Hay que reforzar el monopolio sanitario en España?

27/12/2025/en Mis artículos /por ignacioriesgo

 

El pasado 27 de diciembre de 2025, y a raíz de de la polémica ocurrida en relación con el Hospital de Torrejón, el diario La Razón, me publica el artículo titulado ¿Hay que reforzar el monopolio del sistema sanitario en España?

 

PDF del artículo:

¿Hay que reforzar el monopolio sanitario en España?

Texto completo del artículo:

 

¿Hay que reforzar el monopolio sanitario en España?

Las reacciones aparecidas a raíz del episodio Torrejón y las propuestas de algunos agentes con ese caso apuntan a una restricción de la colaboración público/privada en sanidad, en particular de las empresas con ánimo de lucro.

Esto me recuerda un comentario del viejo economista americano de la salud Alan Enthoven, ya con 94 años, que participó en los años 70’ en las reformas del National Health Service (NHS) británico. Decía: “dudo que una cultura de innovación, eficiencia y buen servicio a los pacientes sea posible desde un monopolio público, con exceso de demanda y carencia de incentivos”. Lógicamente, sus propuestas iban en la línea de que el NHS perdiera los rasgos del monopolio público.

Traducido a nuestro entorno esto significaría modernizar e introducir incentivos en el sector sanitario público; apostar por la colaboración público/privada, sin excluir a las compañías con ánimo de lucro (como si lo importante no fuera el coste y la calidad, el lucro fuera ilegítimo y desde las empresas sin ánimo de lucro no fuera posible la mala gestión y los injustificados privilegios a sus trabajadores); reforzar y modernizar el modelo MUFACE; mantener las Mutuas de Accidentes de Trabajo, etc. Todo lo que haga más plural al sistema, frente a las propuestas “integracionistas”. Y, por supuesto, dar más voz al paciente, sobre todo en la capacidad de elección.

Ahora bien, la capacidad de elección de médico y hospital es un tema muy delicado, que hay que organizar muy bien, garantizando la transmisión completa de la información clínica, una transparencia que permita una elección informada y unas reglas similares para los proveedores.

No está mal haber permitido la libre elección de hospital en Madrid, y puesto que las concesiones gestionan áreas, incluir en esa elección a las concesiones.  Sin embargo, la Comunidad de Madrid ha establecido la libre elección de centro, pero con distintas reglas de juego. Los centros concertados tienen gestión empresarial y son capaces de optimizar su capacidad de atracción, mientras los hospitales públicos, juegan con las manos atadas, con las reglas del marco administrativo. Eso explica los resultados, que en ocasiones tienen un gran impacto económico.

Por eso, una vez montada esta libre elección, ¿qué se pretendía? ¿Qué las concesiones no hicieran un esfuerzo para atraer pacientes cuando tienen incentivos para ello? ¿Qué los hospitales públicos hicieran ese esfuerzo sin incentivos, en un marco administrativo y con personal estatutario?

La colaboración pública/privada es necesaria, pero eso requiere empresas sanitarias conscientes de las prioridades públicas y con visión a largo plazo; y una Administración que sepa controlar muy bien los resultados, con experiencia en gestión contractual avanzada, que garantice la transparencia y, en algunos casos, que limite el beneficio, como se hace en Estados Unidos en los contratos del Medicaid (seguro sanitario público para personas de pocos recursos) con empresas aseguradoras privadas.

Ignacio Riesgo

Médico y consultor sanitario

 

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