Continuidad y ruido: la política farmacéutica en el segundo mandato de Trump


El prestigiado diario digital diariofarma viene publicando desde hace años un Informe sobre la política farmacéutica, el último, publicado la semana pasada dedicado a 2026.
En el mismo se reproduce un artículo que he escrito titulado «Continuidad y ruido: la política farmacéutica del segundo mandato de Trump».
Acceso al conjunto del informe: https://drive.google.com/file/d/1rGBrxgrGoutfQ2y3kINcXBXTkIjgkMkX/view
El texto del artículo es el siguiente:
Continuidad y ruido: la política farmacéutica del segundo mandato de Trump
La situación de partida
Pocas cosas enfurecen más a los americanos que el precio de los medicamentos. Ahí coinciden Demócratas y Republicanos. Y ahí se sitúa Trump, algo que ya se vio en su primer mandato.
La posición de partida es que los medicamentos bajo patente son entre 3 y 4 veces más caros que en otros países desarrollados, también que el gasto en medicamentos en USA, de 1.000 $ per cápita, es el doble que los países comparables. Por otra parte, el gasto en salud americano sigue disparado. En 2024 subió un 7,4% en relación con el año anterior y los medicamentos de prescripción (con un 7,9%) son de las partidas que más han subido.
Por otra parte, Estados Unidos representa el 40-50 % del mercado farmacéutico global. Con el 4% de la población, concentra casi el 50% del gasto en medicamentos, siendo Europa el 20-25%, China el 8-10% y el resto del mundo el 20-25%. De los 1,4-1,6 billones de dólares del conjunto del mercado farmacéutico global, Estados Unidos representa entre 0,6-0,7 billones de ese total. Este país es, de lejos, el mercado más importante de las compañías farmacéuticas, ya que representa dos quintas partes de las ventas (2/5) y dos tercios (2/3) del beneficio de la industria.
¿Cuáles son las razones de este mayor precio de los medicamentos bajo patente en Estados Unidos? Este es un tema bien analizado: en Estados Unidos hay libre fijación de precios; no hay un negociador central capaz de obtener mejores precios; el sistema crea incentivos perversos; hay vías para prolongar la vigencia del monopolio temporal de las patentes; y, el precio se pone tan alto como el mercado aguante. En cambio, en Europa y otros países desarrollados, hay negociación centralizada de precios para su financiación por el sector público; control de precios; se introduce en la decisión del precio la evaluación del valor clínico; y, hay una preocupación por la sostenibilidad del sistema sanitario. Otro mundo.
Cuando hablamos del precio de los medicamentos en Estados Unidos nos referimos a los medicamentos de prescripción protegidos por patente. Los genéricos, que representan el 91% de los medicamentos utilizados, son sustancialmente más baratos que en otras partes del mundo.
Las políticas de anteriores presidentes
Obama fue muy activo en sanidad, con su ley conocida como Obamacare. Pero la preocupación era la de aumentar el número de americanos cubiertos por seguro sanitario. No tocó para nada el precio de los medicamentos.
El primer mandado de Trump ya mostró alguna preocupación por el precio de los medicamentos. Publicó una orden ejecutiva sobre el precio de la insulina y empezó a hablar del concepto de nación más favorecida. Pero sus intentos se quedaron en nada, ya que fueron paralizados por los jueces.
Biden fue el que dio pasos relevantes en relación con el precio de los medicamentos, ya que, en la Ley de Reducción de la Inflación, firmada por el presidente en agosto de 2022, se introducía la negociación con las empresas farmacéuticas para la fijación de precios para el Medicare, el seguro público para cubrir a los mayores de 65 años y ciertos discapacitados, creado en 1965, durante el mandato del Presidente Johnson, aprovechando su extraordinaria habilidad parlamentaria y la gran mayoría demócrata que se generó tras el asesinato de Kennedy.
El cambio histórico de la negociación de precios para el Medicare
La ley citada permitía la negociación de precios de los medicamentos para el Medicare, un cambio histórico en Estados Unidos. El planteamiento para las empresas era: o se llega a un acuerdo en el precio (con la intención inicial de bajar en torno a un 25%), o se deja de suministrar al Medicare o las empresas se exponen a impuestos punitivos.
Las más importantes empresas farmacéuticas, así como la Cámara de Comercio de Estados Unidos y PhRMA (la patronal que agrupa a las grandes empresas farmacéuticas americanas) presentaron demandas ante distintos tribunales, aduciendo vulneración de varios artículos de la Constitución americana. Todo ello tras múltiples intentos de que la ley no saliera.
A pesar de lo anterior, en agosto de 2023, la Administración Biden seleccionó 10 medicamentos de los más caros para el Medicare, para negociar el precio. Estos medicamentos correspondían a 11 empresas: BMS, Pfizer, Boehringher, Lilly, J&J, Merck, AstraZeneca, Novartis, Amgen, Abbie y NovoNordisk. Los medicamentos seleccionados eran para el cáncer, enfermedades cardíacas y diabetes. La intención del CMS (Centro para el Medicare y Medicaid), el organismo que gestiona Medicare, sería la de negociar el 60% de los medicamentos cubiertos por Medicare en 4 años.
Las compañías farmacéuticas anunciaron que participarían en la negociación, aunque mantendrían las demandas.
Tras la primera negociación se lograron ahorros de 6.000 millones de dólares anuales para el Medicare y 1.500 millones para los pacientes al evitarles ciertos pagos de bolsillo.
Es interesante el análisis sobre este tema de The Economist en un editorial de agosto de 2023. Dice que mientras el NHS y otros gobiernos negocian el precio de los medicamentos, uno de los mayores consumidores de medicamentos (Medicare) debe ser un “price-taker” (receptor pasivo del precio). La prohibición de las negociaciones era ilógica y permitir a Medicare negociar el precio de los medicamentos tiene todo el sentido. El problema, continúa, es que se ha ido de un extremo a otro, las penas para las compañías que no acepten el nuevo precio son muy severas. Por otra parte, las compañías farmacéuticas no tienen un beneficio excesivo, considerando su riesgo. De hecho, no tienen beneficios superiores a la media de las firmas S&P 500 (que agrupa 500 de las mayores empresas cotizadas en Estados Unidos). Los precios bajos pueden contentar a los pacientes hoy, pero si baja la investigación en nuevos medicamentos, puede ir en detrimento de nuevos medicamentos mañana.
La política farmacéutica en el segundo mandato de Trump
La política farmacéutica en el segundo mandato de Trump tiene dos componentes: por una parte, continuidad con la política de Biden de negociación de precios para el Medicare y, por otra parte, lo que podríamos llamar “ruido”, un conjunto de medidas heterogéneas basadas en la amenaza de aranceles, las presiones, las negociaciones bilaterales y otro conjunto de elementos de resultado incierto, pero, en todo caso, muy preocupantes.
La Administración Trump no solo no derogó la negociación con el Medicare, sino que la implementó, continuó la negociación e incluso defendió la ley ante los tribunales ante las demandas de las empresas farmacéuticas. Trump continuó e intensificó la negociación, aunque modificó parcialmente la ley con algunos cambios que reducen su alcance, como introducir más excepciones, lo que representa menos medicamentos negociables.
Pero el gran cambio histórico, la negociación de precios de los medicamentos bajo patente con el Medicare, se mantiene.
Los resultados de estas negociaciones para 2027, realizadas ya bajo la Administración Trump, fueron 12.000 millones de ahorros para el Medicare tras la negociación sobre 15 medicamentos y 685 millones de ahorro para los consumidores en pagos de bolsillo.
Pero, aparte de eso, la nueva Administración Trump ha impulsado una serie de medidas, algunas rayanas en el disparate, como son las siguientes:
- Concepto de “nación más favorecida” (orden ejecutiva de mayo 2025). Según esta idea el precio de los medicamentos en Estados Unidos debería ser más bajo que en otros países desarrollados y homologables.
- Presiones a Europa para que suba los precios de los medicamentos, bajo la idea de “rebalancear”. Esta política ha sido exitosa en el Reino Unido, que pactó con Estados Unidos una subida de los precios de los medicamentos para el NHS en torno al 25%, lo que representa 1.000 millones de libras de gasto para los próximos tres años. El pacto fue con Estados Unidos, aunque ya anteriormente había habido amenazas de las empresas farmacéuticas de abandonar el Reino Unido, si se mantenían los bajos precios impuestos por los criterios del NICE.
- Pedir a las compañías que bajen precio, carta del presidente del septiembre de 2025 a 17 compañías. La reacción de las compañías fue muy sintomática, por una parte, se reúnen con Trump en el Despacho Oval para aceptar la bajada y, posteriormente, suben los precios un 4% de media para 2026.
- Forzar la producción de medicamentos en Estados Unidos, amenazando con un arancel del 100% a las compañías que vendan medicamentos patentados en Estados Unidos no producidos en ese país. Esta política tuvo un aparente éxito, ya que las compañías, incluso algunas europeas, se comprometieron a intensas inversiones en Estados Unidos. Bajo esta presión las compañías prometen inversiones de más de 80.000 millones para construir fábricas en Estados Unidos. Sin embargo, no olvidemos que la puesta en marcha de una fábrica de medicamentos lleva entre 5-10 años y a Trump le quedan menos de tres años en la Casa Blanca.
- Política antivacunas, muy activamente dirigida por el excéntrico secretario de Salud, Robert F Kennedy, Jr., en el marco de lo que llama la política MAHA (Make America Healthy Again), que pretende ser una trasposición al mundo de la salud de la política de Trump MAGA (Make America Great Again).
- Debilitamiento de instituciones clave, como el CDC (Centers for Disease Control and Prevention), un auténtico referente mundial en control de enfermedades infecciosas y en epidemiología y análisis de datos.
- Ataques a la ciencia y reducción de la financiación de los NHI (National Health Institutes), el conjunto de centros de investigación en biomedicina más importante del mundo, gran parte de cuyos programas han sido desmontados, llevados de una desconfianza hacia la ciencia muy propia del populismo y dejando la puerta abierta a la hegemonía de China en este campo.
- Actuaciones sobre la publicidad de los medicamentos de venta libre, a partir del concepto de “sobremedicación” de los americanos.
- TrumpRX, una tienda on line de medicamentos, que sorprendentemente lleva el nombre del presidente. Es una simple web que no venderá medicaciones, sino solamente indicará dónde pueden adquirirse y a qué precio. El website ofrecerá información sobre 43 medicamentos. Para algunos, como el New York Times, es más que improbable que los americanos ahorren con este método.
En resumen, una razonable política de continuidad de la negociación de precios para el Medicare y otro conjunto de medidas, de resultado incierto, y con el riesgo de distorsionar a nivel global toda la logística del medicamento.


