Por una reforma de la libertad de elección sanitaria en Madrid

Dos sanitarias en la unidad de cuidados intensivos pediátricos (UCIP) del Hospital Ramón y Cajal, en Madrid.ALEJANDRO MARTÍNEZ VÉLEZ (EUROPA PRESS)
El día 23 de julio de 2026, el diario El Pais, me public el siguiente articulo:
Partamos de unas recientes declaraciones en Madrid de Alan Milburn, exministro de Sanidad del Reino Unido con Tony Blair: “Que el paciente pueda elegir su sanidad, no la que le diga el Estado o su médico”.
Si realmente queremos situar al paciente en el centro del sistema sanitario, el primer paso es reconocerle el derecho a elegir su centro de Atención Primaria y su hospital. Esta libertad no solo beneficia al paciente, sino que introduce un poderoso incentivo para mejorar la eficiencia, la calidad asistencial y la orientación al ciudadano.
Será imposible incorporar las continuas innovaciones diagnósticas y terapéuticas sin unas instituciones sanitarias eficientes, salvo que aceptemos un crecimiento descontrolado e insostenible del gasto sanitario.
En mi reciente libro La sanidad al desnudo (Por una reforma integral del sistema sanitario) (Real del Catorce, 2026) defiendo la incorporación al Sistema Nacional de Salud de elementos poco presentes en el debate público: superar el excesivo control administrativo de la sanidad, romper la lógica del monopolio público mediante una mayor libertad de elección del paciente, dotar al sistema de una verdadera gobernanza, regular la participación del sector privado en la provisión pública, introducir incentivos adecuados y reforzar el profesionalismo sanitario, complementando el necesario diálogo con los sindicatos.
La libertad de elección cuenta ya con una amplia experiencia internacional, especialmente en Suecia, Dinamarca, Reino Unido y Países Bajos. Estos casos muestran que la decisión de los pacientes depende menos de los indicadores técnicos de calidad clínica que de factores como los tiempos de espera, la facilidad para obtener cita, la accesibilidad, la comodidad y el trato recibido, todos ellos componentes esenciales de la calidad asistencial. Para que este modelo funcione, los hospitales deben competir bajo reglas de financiación equivalentes y con el principio de que el dinero siga al paciente.
La experiencia de la Comunidad de Madrid, donde la libertad de elección se implantó en 2010, resulta especialmente ilustrativa. Tras dieciséis años de funcionamiento, los datos muestran que los grandes hospitales tradicionales —La Paz, 12 de Octubre, Ramón y Cajal y Gregorio Marañón— han perdido una parte significativa de su actividad, mientras que los hospitales gestionados mediante concesión, especialmente los del grupo Quirón y el Hospital de Torrejón, la han incrementado.
Este resultado no es sorprendente. Se ha hecho competir a hospitales públicos sometidos a un modelo de gestión administrativa, con escasa autonomía, especialmente en materia económica y de recursos humanos —muy condicionados por las Consejerías de Hacienda y de Función Pública—, con hospitales concesionales que disponen de mayor capacidad de gestión y en los que la financiación sigue efectivamente al paciente.
La experiencia madrileña no demuestra que la libertad de elección sea un error. El problema de Madrid no ha sido introducir la competencia, sino hacerlo entre organizaciones que juegan con reglas distintas. Demuestra que la competencia sólo produce buenos resultados cuando todos los hospitales compiten con reglas semejantes. Mientras los hospitales públicos continúen sometidos a un modelo de gestión burocrático y los concesionales disfruten de una amplia autonomía, la competencia será necesariamente desigual. La verdadera reforma pendiente no consiste en limitar la libertad de elección, sino en dotar a los hospitales públicos de la capacidad de gestión necesaria para competir en igualdad de condiciones y ofrecer a los ciudadanos una sanidad pública más eficiente, más innovadora y más centrada en el paciente.
Ignacio Riesgo es médico, consultor sanitario y autor del libro La sanidad al desnudo


