Biografía

¿Por qué empezar este blog por una pequeña biografía?

Eso requiere una explicación. Obviamente, no porque me considere importante. Pero el blog trata de compartir opiniones y puntos de vista sobre el mundo sanitario. Las opiniones no nacen del vacío, sino están muy ligadas a las propias vivencias. Por eso creo que cualquier lector tiene el derecho de saber bajo qué vivencias biográficas se han generado las opiniones que se exponen. Por lo tanto, nada de empezar dándome importancia, sino entiendo que empezar por una narración biográfica es un acto de humildad y de facilitar al lector la relativización de todos mis puntos de vista.

Esta es la razón por la que empiezo, no sin cierto pudor, narrando mi biografía.

Nací en Oviedo, en septiembre de 1948. Mis padres fallecieron hace bastantes años. Mi padre era ginecólogo y mi madre ama de casa, aunque durante bastante tiempo ayudó a mi padre en la atención a la consulta privada, actividad que junto con su labor como médico de la Seguridad Social desarrolló en Oviedo. Fuimos tres hermanos y yo el mayor. Hice mis estudios primarios y el bachillerato en Oviedo, una ciudad estupenda por muchos aspectos, pero no carente de un cierto aire provinciano, como puso de relieve “Clarín” al presentar Vetusta, la ciudad dónde se desarrollaba su gran novela “La Regenta”. Para algunos Vetusta es un seudónimo de Oviedo.

Una vez terminado el bachillerato, el último curso era el llamado “preu”, se planteó qué carrera estudiar. Entonces no había la amplia panoplia de carreras de hoy: Medicina, Derecho, alguna ingeniería y unas pocas posibilidades más, eran las opciones de la época. No fue fácil la elección. Tenía muchas dudas. Al final opté por Medicina, lo que llenó de satisfacción a mis padres, si bien esa no era mi primera opción.

 

Estudios de Medicina

Hice 1º y 2º de Medicina en la Universidad de Navarra. Ninguna vinculación al Opus Dei me llevó a tomar esa decisión, sino más bien el deseo de explorar una Universidad que se presentaba como moderna y diferenciada del resto.

En el 3º año, en gran parte animado por mi padre, me fui a lo que entonces todavía se llamaba Universidad Central, la de Madrid. En aquella época, estoy hablando de los finales 60’ del pasado siglo, la única Universidad en esa ciudad, lo que puede sorprender hoy. El cambio no dejó de ser traumático. De la muy organizada Universidad de Navarra, dónde el primer día recibías un documento con información de todas las clases del año con su horario, contenido, profesor y sitio de impartición, a la caótica Facultad de Medicina de Madrid, dónde sólo localizar el aula era ya una proeza y encontrar sitio para sentarte y poder oír algo, aún mayor. Bien es verdad que esto último sólo los primeros días, ya que el hábito muy extendido de Madrid era no ir a clase, lo que me sorprendió mucho. Además el año de mi incorporación no era un año cualquiera, era nada menos que 1968, con toda la Universidad conmocionada y revuelta, reflejo de lo que ocurría en París. Acabé mis estudios de Medicina en Madrid. Durante ese tiempo viví en el Colegio Mayor Covarrubias, en los primeros años dirigido por Fernando Suárez, que luego llegaría a vicepresidente del Gobierno. Tanto del Colegio como de Fernando guardo un muy grato recuerdo.

 

Práctica como médico hospitalario

Tras finalizar la carrera, en 1971, había que hacer entonces lo que se llamaba el Internado Rotatorio, un año en el que se rotaba por los más importantes servicios de un hospital (fundamentalmente, Cirugía, Medicina, Traumatología, Ginecología y Pediatría). Esto lo hice en el hospital de Cruces, en Bilbao, en aquella época llamada Ciudad Sanitaria Enrique Sotomayor, lugar de mi primer trabajo remunerado.

Sin acabar del todo ese año, y tras unas pruebas de selección, inicié mi Residencia en Anatomía Patológica en la Fundación Jiménez Díaz, de Madrid. Allí estuve del 1972 al 1975. En el servicio ejercía su magisterio diario el Prof. Horacio Oliva, de gran influencia en la Anatomía Patológica en España. Al él le debo, en gran parte, lo que llegué a saber de esta especialidad, aunque ya casi totalmente olvidado para mi, dada mi evolución profesional.

Cuando acabé la residencia en Anatomía Patológica dejé Madrid y me incorporé a la Ciudad Sanitaria “Ntra. Sra. de Covadonga”, de Oviedo, el hospital de la Seguridad Social en esa ciudad. Allí ejercí como patólogo desde los últimos meses de 1975 a marzo de 1983, en el Servicio dirigido por el Dr. Agustín Herrero Zapatero, a quién también debo mucho profesionalmente. El 18 de mayo de 1981 leí en la Universidad de Oviedo mi tesis doctoral, calificada como sobresaliente “cum laude”, sobre Nefropatía IgA, un tipo de enfermedad renal. Por aquel entonces soñaba con tener una carrera académica, algo que, para bien o para mal, nunca se ha producido. En el último semestre de 1981 estuve en Estados Unidos en el Jackson Memorial Hospital de Miami, junto con el Dr. Victoriano Pardo, distinguido especialista en nefropatología.

 

En la gestión hospitalaria

Desde marzo de 1983 a finales de 1991 fui Director Gerente de la Ciudad Sanitaria “Ntra. Sra. de Covadonga”, de Oviedo. Esto respondía a un impulso del entonces joven Gobierno del PSOE de promocionar a clínicos a las direcciones de las instituciones sanitarias, creando la figura de los Directores Gerentes en los hospitales. En lo que inicialmente creía que iba a ser un cargo para unos meses llegue a estar casi 10 años. Años muy convulsos. A la conflictividad profesional propia de esos años se unieron, en el caso de Oviedo, las tensiones derivadas del proceso de fusión que se planteó entre la Ciudad Sanitaria de Oviedo, el Hospital General de Asturias y el Instituto Nacional de Silicosis. Se sentaron las bases en esos años de un proceso de fusión, que ahora está prácticamente concluido. También se planteó en aquellos años la construcción de un nuevo hospital, algo que se ha hecho posteriormente, aunque pendiente de su puesta en marcha.

Aunque esto es fundamentalmente una biografía profesional, decir que en mi época de Oviedo me casé (1977) con mi actual (y única) mujer, María José Ferreiro, médico en ejercicio, y tuvimos (1983) a nuestro único hijo, Pablo, bioinformático, episodios no menores en una vida.

Desde finales de 1991 resido en Madrid. Desde esa época a mediados de 1993 fui Director Gerente del Hospital Ramón y Cajal, de Madrid. Un gran hospital, aunque con un origen muy complicado. Había sido impulsado como un gran centro de referencia de especialidades quirúrgicas por un conjunto de cirujanos influyentes, entre otros por Sixto Obrador, el neurocirujano, y por Cristóbal Martínez-Bordiú, cirujano cardíaco y yerno del General Franco. Antes de su apertura se cambió la orientación estratégica hacia un hospital general médico-quirúrgico, pero en su diseño, en su dotación y en su organización perduraban todavía muchas de las ideas con las que había sido concebido. Muchos excelentes profesionales en ese hospital, que convivían con otros de baja dedicación y con un cierto desorden organizativo. La Administración decidió sustituir al Gerente en 1993, para apaciguar las noticias de una alta mortalidad quirúrgica en uno de los servicios.

En estos años, de 1986 a 1995, casi diez años, fui miembro activo del entonces llamado Comité de Hospitales de la Unión Europea, hoy rebautizado como European Hospital and Healthcare Federation, una organización europea no gubernamental que agrupa a Federaciones hospitalarias o a instituciones que gestionan hospitales. Aprendí mucho en ese Comité, conocí en esa época hospitales en toda Europa y tuve la oportunidad de tratar estrechamente a directivos de hospitales de todos los países europeos representados en el Comité. Lo que más me enseñó es a contemplar los problemas bajo una perspectiva internacional. En ese Comité fui miembro, Vicepresidente y en Estocolmo fui elegido Presidente, uno de los mayores honores de mi vida. Debo mucho especialmente de ese comité a Jacques Massion, el Presidente que me precedió, y a Khris Schutyser, secretario general en todos esos años.

En el año 1994 decidí dar por finalizada mi etapa como gestor de hospitales públicos. Una tarea apasionante, pero sumamente limitada por las restricciones de la gestión administrativa pública y por algunos elementos que impiden llevar a cabo una gestión dinámica, como es el carácter estatutario del personal, lo que considero un auténtico obstáculo para la modernización de las instituciones sanitarias públicas en nuestro país. Una gran asimetría entre la responsabilidad que se asume y lo que realmente se puede hacer.

La segunda parte de 1994 y la primera de 1995 fui Jefe de Departamento de Administración Sanitaria de la Escuela Nacional de Sanidad. Magnífico recuerdo el que tengo de mis compañeros de aquella época, especialmente de los dos directores de la Escuela en ese período: los Dres. José Manuel Freire y José Ramón Repullo.

 

Como consultor en salud

A partir de 1995, se produce otro gran cambio en mi vida, al incorporarme a Arthur Andersen, para dirigir su división sanitaria. Había tratado con consultores como cliente en mi etapa de directivo, pero ahora me tocaba a mi ser consultor, lo que es una actividad apasionante. Estuve en Arthur Andersen hasta 2002, año en que esta compañía desaparece como consecuencia del escándalo de Enron. Algo increíble. Un problema que tiene su origen en Estados Unidos hace desaparecer prácticamente de la noche a la mañana a una gran organización de implantación mundial y de casi 100.000 empleados.

En esa época se desarrolló la práctica de sanidad en Arthur Andersen y pusimos en marcha algunas iniciativas de interés, como es el “Master en Alta Dirección Sanitaria”, del que se celebraron varias ediciones y por el que pasaron como alumnos distinguidos gestores sanitarios.

La parte de consultoría de Arthur Andersen pasamos a BearingPoint, dónde seguí dirigiendo a prácticamente el mismo equipo como Managing Director.

En 2005 nos incorporamos gran parte del equipo de sanidad de BearingPoint a PwC. Desde el 2009 y hasta el 2013 fui Central Cluster Healthcare Leader, lo que me permitió tener una visión de las prácticas en sanidad en PwC en otros países. Dejé PwC el 31 de octubre de 2013, al cumplir 65 años. Llegar a esa edad en una compañía de esas características es algo excepcional. Guardo de mi período en PwC, como anteriormente en Arthur Andersen y BearingPoing, muy gratos recuerdos y, por supuesto, muchos amigos.

Desde finales de 2013 sigo trabajando como consultor, aunque sin estar ligado a ninguna gran organización de consultoría. Con Julián García Vargas, ex-Ministro de Sanidad, y con Xavier Pomés, ex-Conseller de Sanidad de Cataluña, ambos amigos, hemos creado la sociedad “Vargas, Pomés y Riesgo Consultores”, desde la que pretendemos asesorar a empresas desde una posición de independencia, basándonos en nuestra experiencia y siempre con la perspectiva de alinear intereses y en la búsqueda de nuevos consensos, algo que creemos muy necesario en el sector.

 

¿Qué es lo que más me gusta de mi trabajo como consultor?

Indudablemente, tener la oportunidad de tratar a directivos de muy variadas instituciones y empresas sanitarias y compartir con ellos sus problemas y aspiraciones y contrastarlas con la situación del sector.

En resumen

En definitiva, tres períodos en mi biografía profesional:

  • La primera como médico patólogo, primero en la Fundación Jiménez Díaz y después en la Ciudad Sanitaria de Oviedo (1972-1983)
  • La segunda como gestor de hospitales públicos (1983-1993), en el Hospital Central de Asturias y en el Hospital Ramón y Cajal
  • La tercera (desde 1995 hasta hoy) como director de equipos de consultoría en salud en grandes empresas internacionales (Arthur Andersen, BearingPoint, PwC) y, desde finales de 2013, como consultor independiente.

Siempre he estado muy motivado e interesado en los sitios dónde estuve. Mi conclusión: la medicina es apasionante, te coloca en proximidad a todos los avances de las ciencias biomédicas y de la asistencia; la gestión es sumamente atractiva, ya que te permite impulsar y dirigir grandes proyectos de transformación de las organizaciones; y la consultoría es creativa en grado sumo y un gran reto intelectual, aparte de que te da una visión muy rica del conjunto variado de las instituciones y empresas de un sector.

Este es el resumen de mi biografía, que sin duda influirá en mis opiniones. Pero, ¡cuidado!, soy yo el que ha escrito mi biografía, con lo cual también es parcial. Hay que tener eso también en cuenta.